Público
Público

El pintor Antonio López da un giro y mira hacia el "Tío Pepe"

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Rodeado por un centenar de curiosos, el maestro de la pintura realista española Antonio López ha dado hoy un giro de 180 grados en la obra que realiza desde hace unos días en la Puerta del Sol para mirar, esta vez, hacia el perfil arquitectónico que tiene como protagonista al cartel publicitario del "Tío Pepe".

Y es que el pintor manchego (Tomelloso, 1936) se encuentra inmerso en una nueva obra que acaba de empezar este año, según señala en una conversación con Efe.

"Es una obra que necesita una luz muy especial", señala el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, que sólo se consigue durante el verano, "en los meses de julio y agosto" y, especialmente, "entre las seis y las ocho" de la tarde, explica.

Conocido por su meticulosidad y por la gran cantidad de tiempo que dedica a sus cuadros -ha llegado a pasar décadas pintando una misma obra-, López ha llegado hoy a la Puerta de Sol a las 18.10 horas y se ha situado sobre las marcas que ha delineado en el suelo, y que le indican la ubicación exacta desde la que pintar.

Ataviado con unos pantalones cortos de color beige, camiseta a rayas remangada hasta los codos, gorro rojo y gafas de ver, el maestro manchego comienza a realizar los primeros trazos de movimientos lentos bajo la atenta mirada de un centenar de curiosos, entre turistas y paseantes.

Sin embargo, el pintor, que durante días había pintado en dirección a la fachada de la Real Casa de Correos, se mantuvo hoy exactamente en el mismo lugar pero girado hacia el perfil de las calles Alcalá y Carrera de San Jerónimo.

No han transcurrido ni cinco minutos cuando tímidamente el veterano artista pide al público que se aparte, porque le es imposible ver. Pero el espacio que queda libre tras el aviso no tarda ni un minuto en volver a ser ocupado por nuevos curiosos.

Regla en mano, López mira hacia el edificio que sostiene el conocido anuncio del "Tío Pepe" en la Puerta de Sol, entre las calles Alcalá y Carrera de San Jerónimo, y traza con ayuda de una larga regla diferentes líneas orientativas sobre el lienzo.

Luego despliega sus pinceles y delinea diferentes trazos de tonos pasteles -azules, marrones y marfiles- sobre el cuadro.

El círculo de gente alrededor del artista se va haciendo cada vez más numeroso, decenas de brazos se elevan para intentar capturar una fotografía del maestro en plena actividad. Y el pintor vuelve a insistir, esta vez más enérgico, que se aparten porque así le es imposible pintar.

López sabe que llama la atención y asume que el público se acercará para verlo desarrollar su arte. "Sé que es así", responde el maestro a la pregunta sobre si no se siente agobiado al estar completamente rodeado de curiosos. "La gente debe estar allí, y yo voy a donde está la gente", añade.

En un flujo constante, parte del público se retira y otros van llegando. "Es Antonio López, un pintor muy famoso", comenta una chica ante la duda de otra que se ha acercado al ver a la multitud.

Pero la frase más recurrente entre los que se aproximan, es la que indica admiración ante la capacidad del artista para pintar rodeado de decenas de personas. "Yo no podría pintar entre tanta gente", repiten muchos.

A las 20.00 horas en punto suenan las campanas de la Real Casa de Correos e inmediatamente el artista retira el cuadro, recoge el trípode y sus instrumentos. Alguno lo aplauden, y otros no dudan en seguirlo mientras sube por la calle del Correo a guardar el lienzo.