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Los piratas somalíes secuestran dos barcos

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Un remolcador indonesio utilizado por la petrolera francesa Total y un carguero turco fueron secuestrados el martes por piratas frente a las costas de Yemen, en los últimos ataques atribuidos a hombres armados somalíes.

Andrew Mwangura, coordinador del Programa de Asistencia a Marinos del Este africano, con sede en Kenia, indicó que el remolcador se dirigía a Malasia cuando fue abordado. Total confirmó el ataque.

"Se ha producido el secuestro de un barco perteneciente a uno de nuestros subcontratistas con el que trabajamos regularmente. Se cree que los rehenes son en su mayoría indonesios. La nave no pertenece a Total", indicó en París un portavoz de la compañía francesa.

Por otra parte, también fue secuestrado un carguero de unos 100 metros de eslora, propiedad de una naviera con sede en Estambul, según un reporte de la agencia estatal de noticias Anatolian, que citó a un funcionario naval estadounidense.

"Es una nave de carga con bandera de Antigua operada por la compañía Isko Marine Shipping de Turquía. Fue secuestrada en el Golfo de Adén hoy (martes)", dijo a Reuters por teléfono el portavoz de la Quinta Flota, el teniente Nathan Christensen, desde Dubai.

El teniente no entregó mayores detalles.

Los ataques realizados este año por piratas somalíes han provocado gastos de millones de dólares en rescates, además de haber elevado los costes de seguros de navegación y provocado el despliegue de marinas extranjeras a la zona, para luego retirarse apresuradamente a las líneas navieras fuera del Cuerno de África.

Washington ha hecho circular el proyecto de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que daría a los países el derecho a perseguir a los piratas por mar y tierra.

CAOS EN EL GOBIERNO

También el martes, el presidente de Somalia, Abdullahi Yusuf, nombró el martes a un nuevo primer ministro, ignorando el voto del parlamento para restituir al que fue despedido, Nur Hassan Hussein, y profundizando aún más las fisuras en el fracturado Gobierno.

La escisión en la cúpula del Gobierno respaldado por Occidente representa un obstáculo para el proceso de paz auspiciado por la ONU y amenaza con destrozar una gestión débil, en un momento en que insurgentes islamistas acampan en las afueras de la capital, Mogadiscio.

La inestabilidad crónica de Somalia ha desarraigado a alrededor de un millón de personas, un tercio de la población depende de la ayuda alimentaria de emergencia y el caos ha contribuido a fomentar los secuestros y la piratería frente a las costas.