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Los Planetas convierten el Cambrirock en una ópera egipcia

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Los flamencos denominan "una ópera egipcia" a una obra maestra, a algo superlativo, a un acontecimiento para el que se agotan los superlativos. Y eso fue esta pasada madrugada el concierto de Los Planetas en el Cambrirock, un festival que también dio sentido a la expresión.

En 90 minutos, Jota y los suyos se vaciaron para pagar una deuda, la que tenía el cantante granadino con esta población, en la que dio su primer beso, cuando tendría unos doce años, a una niña italiana.

Y el quinteto ofreció, ante unos 4.000 espectadores, según informaron a Efe fuentes de la organización, su último concierto este verano, que empezaron con la instrumental "La llave de oro", que abre su último disco, "Una ópera egipcia", un momento de flamenco-surf para ir abriendo boca.

Luego, alternaron lo viejo con lo nuevo, y permitieron escuchar una buena muestra del nuevo disco, del que sonaron, entre otras, "Una corona de espinas", "Soy un pobre granaíno", "Señora de las alturas" o "Romance de Juan de Osuna".

El resto del repertorio, idóneo para festivales, transitó por los más de quince años de trayectoria de los granadinos, e hizo paradas en piezas que ya son clásicos como "Corrientes circulares en el tiempo", "Nunca me entero de nada", "Ya no me asomo a la reja", "Puede ser", "Santos que yo te pinte" o "Rey Sombra".

"Si me diste la espalda", "Las flores del campo", "El artista madridista", "Devuélveme la pasta", "Canción del fin del mundo", "Reunión en la cumbre", "Segundo premio" y "Alegrías del incendio" completaron el bolo, que fue rematado, en los bises, con un tema inédito, "Un buen día" y "Pesadilla en el parque de atracciones".

Más en forma que nunca, con unos punteos psicodélicos de Florent que quitaban el hipo, Jota modulando y haciendo inteligible su voz, y la sabiduría del propietario Eric -se compró una casa el día antes- a las baquetas, Los Planetas dejaron claro por qué son la principal referencia de la música independiente en este país.

Y el Cambrirock, en solo seis ediciones, se ha convertido en la principal referencia de los festivales de Tarragona, y de Cataluña, a base de hacer las cosas bien, lo que se traduce en cancelar la jornada del jueves para asegurar la seguridad de todos los asistentes, o en añadir toneladas de arena al recinto a las 18 horas de ayer para que el público no encontrara ni un solo charco ni se manchara los pies de barro.

Otros detalles son también loables, como trabajar con la empresa TUA, firma de referencia en el sector en España y responsable del equipo de sonido, nítido, de las luces, imaginativas, y de la pantalla de leds que se podía ver al fondo del escenario, en el que la sorpresa era comprobar que no lo recorría cable alguno.

El cartel del festival, poco claro en las octavillas, es otro de los aciertos al mostrar a un joven Muhammad Ali, y quizás algo que mejorar es la señalización del festival en Cambrils -faltan carteles-, mientras que es destacable el amplio espacio para aparcar -dos parkings-, la carpa Red Bull -para cenar sentado-, y las amplias barras laterales -las colas no forman parte del festival-.

Los precios populares, una correcta oferta de comida y el cumplimiento a rajatabla de los horarios, además del detalle de permitir que el vecino festival Palmfest, de L'Hospitalet de l'Infant, cuente con un expositor en el recinto, son otros de los alicientes del certamen.

Antes que Los Planetas, los catalanes Mine, recientes ganadores del concurso Sona 9, mostraron ser una banda correcta, tópica y blandita, con buenas armonías vocales.

Peor les fue a los siguientes, los también granadinos Napoleón Solo, que contaron con Luis como sustituto de su batería titular, Eric Jiménez, que no hace dobletes.

Sin ritmo, con un cantante que busca nuevas tesituras de voz a base de cantar en falsete y acaba forzando los agudos y fuera de tono, a medio camino entre Canijo, de Delinqüentes, y Mika, sus 50 minutos sólo se recordarán por "Explota".

La primera noche del Cambrirock acabó con los belgas Vive la Fête, con una cantante vestida con una cazadora y un tanga y un sonido en la onda indietrónica que hace años hubiera causado furor en el Sónar.