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Playa, encierros, comilonas y un buen rioja: una gira sobre 'la piel de toro'

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España ha sido siempre uno de mis lugares favoritos para ir de gira. El público es fantástico, la comida es deliciosa y el clima es perfecto. ¿Qué más puede pedir una banda que está de gira? Puede que llenar todos los conciertos, como nos ocurrió en nuestro tour de julio.

Cada concierto y cada ciudad fueron especiales a su manera. La multitud se volvió loca en el Low Cost Festival de Benidorm. En Las Palmas probamos el mejor marisco que he comido en toda mi vida.

'Al volver a Madrid, cogimos nuestras guitarras y fuimos a tocar a la calle. Además de conseguir 120 euros, salimos en las noticias'

Sin saberlo, llegamos a Tudela la víspera del inicio de los encierros. Después del concierto de esa noche, en un castillo del siglo XV, nos quedamos hasta las cinco de la madrugada escuchando a la gente cantar jotas en la plaza del pueblo.

Al día siguiente, el alcalde de la localidad nos invitó al balcón del Ayuntamiento para ver de cerca el encierro. ¡Fue una locura! No es necesario decir que nadie de la banda había visto algo así en toda su vida: un mar de gente vestidos de blanco y rojo.

Al volver a Madrid durante un par de días, dos miembros de mi banda (The True Loves), Jesse Barnes y Jay Jennings y yo mismo decidimos coger nuestras guitarras y salir a la calle. Además de conseguir 120 euros, salimos en las noticias. Madrid es siempre una explosión y llenamos los dos conciertos que dimos en el Teatro Lara. Entre concierto y concierto, enco9ntré algo de tiempo para ir al bar El Abuelo, en Goya, para probar su excelente morcilla.

Otra cosa que nos sorprendió fue la reacción del público en A Coruña. Aunque nunca habíamos tocado allí nunca, nos recibieron con un entusiasmo generalizado. Desde allí nos dirigimos a Soria, para tocar en el festival Enclave de Aguas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me enteré que la leyenda del soul de Chicago Jimmy Burns tocaba la misma noche que nosotros. Rápidamente me dirigí a los camerinos en su búsqueda y le pregunté si le gustaría unirse a mí en el escenario para cantar I found a love.

Cualquiera podría pensar que una gira española es viajar de playa en playa y de chiringuito en chiringuito, pero que no se equivoque: en Santander, el día del último concierto de nuestra gira, finalmente tuvimos un poco de tiempo para ir a la playa. El agua estaba templada y el tiempo fue magnífico.

Ese día tocábamos bastante tarde, a las dos de la madrugada, así que tuvimos que hacer un esfuerzo para no dormirnos. Una vez subimos al escenario, la adrenalina entró en funcionamiento y disfrutamos mucho, como cada noche. Al día siguiente, en el viaje entre Santander y Madrid, paramos en La Rioja y volvimos a degustar un delicioso menú en un buen restaurante. Aproveché para comprar unas botellas de vino para llevarme a casa. La gira había terminado.

Uno siempre se siente triste cuando tiene que irse de España. Todo lo que nos ocurrió en esta gira fue fantástico, pero sin duda lo mejor fue la gente. No acabamos de irnos y ya tenemos ganas de volver para tocar de nuevo.

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