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7 playitas con mucho encanto

De Asturias a Andalucía, una selección de espectaculares, insólitos y tranquilos arenales para relajarse en vacaciones.

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Barayo (Asturias)
Sin ninguna duda, es una de las playas más bonitas de la costa occidental asturiana. El río Barayo parte longitudinalmente en dos lenguas la ensenada arenosa de color oscuro y forma en su desembocadura un bello estuario antes de llegar al Cantábrico. Vegetación, acantilados, dunas y playas conforman este enclave de singular valor ecológico y paisajístico donde resulta fácil contemplar ejemplares nutrias y ostreos, las especies más representativas de su diversificada avifauna.

Liencres (Cantabria)
La playa del Parque Natural de Liencres -que encierra el campo de dunas vivas más rico y dilatado de toda la cornisa cantábrica, donde priman los acantilados y los pinares- se llama en realidad Valdearenas y es una playa para disfrutar andando, una vez superados los densos pinares y, seguidamente, las dunas. El baño exige tomar precauciones por el desnivel de entrada, el oleaje intenso, el viento fuerte y las corrientes peligrosas, pero en contrapartida, los atardeceres que aquí se contemplan son memorables, con la isla de Conejera al fondo.

Laga (Bilbao)
Podía haber elegido el fin del mundo, pero Mariah Carey decidió grabar aquí su videoclip Sweetheart. Una acertada elección sin duda, porque Laga es una playa muy musical, con buenos surfistas bailando al son de las olas. De arena blanca y fina, ventosa y con oleaje, se localiza en el extremo oriental de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y ofrece una de las estampas arenáceas más bellas de la costa vasca. Una estupenda playa para, llueva, truene o haga sol, pasear con paraguas. Su mejor imagen la ofrece el mirador del cabo Ogoño.

Les Muscleres (Girona)
Esta misma arena del recoleto golfo de Roses, en el Alt Empordà, por la que hace siglos circularon griegos y romanos, cuando la zona era una inmensa marisma, es una sucesión de encantadoras calas que permiten un baño de culturas. La mejor forma de admirar el conjunto que se extiende entre las playas del Portixol y Empúries es caminar por el paseo marítimo, ya que enlaza todas estas conchas de arena blanca unidas con tómbolos y permite un hermoso recorrido entre los pinos. Enfrente de las ruinas se encuentra la estrecha ensenada de Les Muscleres, con aguas cristalinas poco profundas; luego Muscleres Grosses y más allá, la de Moll Grec.

Tabarca (Alicante)
Es una playa colosal para disfrutar fuera de temporada, cuando los yates de turistas que llegan desde Santa Pola, especialmente, relajan sus frecuencias. Así se puede contemplar con los cinco sentidos la gran riqueza natural de la única isla permanentemente habitada de la Comunidad Valenciana. Las frondosas praderas de posidonia de la primera reserva marina declarada en España dan fe de la riqueza submarina que ésta guarda. Contiguo al arenal se levanta un conjunto fortificado del siglo XVIII con castillo, iglesia, cementerio y faro.

La Vall de Algaiarens (Menorca)
Es una de las más pintorescas ensenadas que adornan la isla. Junto a la desembocadura de un barranco y a resguardo de las corrientes, su fina arena se funde con pintorescos pinares en una conjunción natural digna de admirar, mientras un roquedo separa los dos abanicos de arena, a los que acompaña una sucesión de dunas de tonalidades rosadas. El milano negro y el águila pescadora encuentran en ella refugio.

Caños de Meca (Cádiz)
Detrás de las últimas casas de la pedanía de Caños de Meca, refugio desde hace años de una comunidad hippie y alternativa, comienza la playa que se extiende durante varios kilómetros formando una larga y ancha alfombra de arena y nexo de unión entre dos célebres lugares: el histórico faro de Trafalgar y los acantilados de Barbate, los más colosales del litoral andaluz. Sus aguas transparentes, su oleaje moderado en verano y el viento de Levante, que aquí cuando sopla lo hace con fuerza, invitan a aventurarse en la difícil tarea de practicar deportes acuáticos.