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La poesía en español no tiene un Aconcagua, pero hay una cordillera, dice Gelman

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El español Antonio Gamoneda y el argentino Juan Gelman, dos "poetas de raza", galardonados con el Premio Cervantes, mantuvieron hoy un encuentro con los lectores en el que hablaron de su concepción de la poesía y de la situación actual de este género literario en los países de habla española.

"La poesía en lengua castellana hoy no tiene ningún Aconcagua, pero sí hay una cordillera y eso es muy bueno", dijo esta noche Juan Gelman en una de las actividades más esperadas de la Feria del Libro de Guadalajara (México), porque no es fácil hacer coincidir a dos grandes de la poesía que viven en países tan distantes y que, además, son amigos.

Había química y complicidad entre ellos y el público que llenaba la sala lo notó enseguida, porque Gelman y Gamoneda demostraron tener sentido del humor y, sobre todo, amor a su oficio, el de poeta.

El encuentro estuvo moderado por el poeta español Antonio Colinas, que no trató de buscar coincidencias entre las obras de ambos premios Cervantes porque "ni en España ni en América existe una sola forma de poesía, y eso es signo indudable de libertad".

Aunque ambos comparten "un afán de ir más allá con sus palabras, con el lenguaje, sin renunciar a esa realidad, a veces muy dura, que sus ojos han contemplado". Y "salen indemnes de cualquier prueba", afirmó Colinas, cuya obra ha sido galardonada con el Premio Nacional de Poesía, el de la Crítica y el de Castilla y León de las Letras, entre otros.

Como Colinas los había definido como "grandes poetas", Juan Gelman, que vive en México desde hace tiempo, aclaró que él no es "un gran poeta, sino un poeta mayor". Acaba de cumplir 80 años y le consuela ese tango que dice que "Veinte años no es nada", porque "ochenta son cuatro veces veinte años".

Al darle la réplica, Gamoneda dijo que él no se considera "un poeta mayor, sino menor", porque le faltan "seis meses para cumplir los ochenta".

Gamoneda, autor de títulos tan esenciales como "Edad", "Libro del frío" o "Arden las pérdidas", se ve tan solo como "un poeta provinciano" y no le gusta que lo inscriban en ninguna generación, ni siquiera en la que por edad le corresponde, la de los Cincuenta.

Como recordó Colinas, en ese grupo hay poetas, como Claudio Rodríguez, Ángel Crespo o el propio Gamoneda, que "quiebran el tópico generacional".

Gamoneda, nacido en Asturias (norte de España) en 1931 y residente en León desde que tenía tres años, cree que "ser ajeno a ese grupo no tiene mérito ni demérito".

Sencillamente es que no comparte la visión de la poesía que poseen otros integrantes de esa generación, "que tenían como módulo de clave poética el realismo y la denuncia de las injusticias", entre otras características.

"Mi vocación es la de poeta provinciano", aseguró Gamoneda, segundos antes de que Juan Gelman, considerado por los críticos como "poeta del dolor" y autor de títulos como "Anunciaciones", "Carta a mi madre" o "La abierta oscuridad", dejara claro que él tampoco cree en generaciones, "sino en poetas".

En sus años de exilio, obligado por la dictadura militar argentina, Gelman encontró "una gran compañía" en la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, Santa Teresa y San Juan de la Cruz. En ellos estaba "la presencia ausente de lo amado" y "esa presencia de la pérdida que nunca se ausenta".

"Hay callejones de la lengua castellana que no se han cerrado, están ahí latiendo y todavía dan de comer", dijo Gelman con su voz grave y su forma pausada de hablar.

Antonio Gamoneda tiene muy claro que Juan Gelman "es un poeta de raza, un ser humano que no puede ser otra cosa que poeta", y, lisonja por lisonja, el escritor argentino también cree que el autor de "Sílabas negras" pertenece a esa raza.

"A diferencia de los sofistas que intentan encontrar razón en la ambigüedad, Antonio explora la ambigüedad de la razón, con una fuerza emotiva y una lengua extraordinaria y nueva", subrayó Juan Gelman.

Dos grandes poetas reunidos tenían que acabar la sesión leyendo alguno de sus poemas.

Gamoneda es de los que sufre con los poemas hasta "hacerlos vivientes". Rehace una y otra vez sus versos y el que leyó esta noche está "inacabado" y se lo dedica a Juan Carlos Mestre, otro poeta leonés con el que el Premio Cervantes comparte proyectos.

El público quedó impresionado por la belleza que emanaba de los poemas que leyeron ambos creadores, más triste el del español y más intimista el del argentino.