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Polaski hace una conmovedora interpretación en el Real del drama de "Jenufa"

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Esta noche, en el Teatro Real, se ha podido oír cómo suena el drama: el que Leos Janaceck imaginó en 1904 sobre una desgraciada infanticida y que Deborah Polaski y Amanda Roocroft han bordado en una conmovedora y atinada interpretación, premiada con una cerrada ovación y muchos "bravos".

"Jenufa", el culmen de la ópera centroeuropea por su modernidad y realismo es, en definición de la propia Polaski, "la alfombra roja" de la expresión de los sentimientos, y por ella han paseado esta noche, bajo la batuta del enérgico Ivor Bolton, el amor, la cobardía, los celos, el temor, la desolación, el horror, la desesperación y el perdón con apropiadas dosis de verosimilitud.

El montaje, el mismo que Stéphane Braunschweig estrenó en 1996 en el Châtelet de París, que se repuso en ese mismo coliseo en 2003 y que se reprodujo, con fidelidad absoluta al parisino, en 2005 en La Scala de Milán en coproducción con el Real, es de una sobriedad espartana, sin elementos que distraigan del emocional libreto.

La Kostelnicka -madre adoptiva de Jenufa- de esta noche ha sido la estadounidense Deborah Polaski (1949), que se alterna en las doce funciones programadas con la alemana Anja Silja, perteneciente al "grupo Glyndebourne" -el festival inglés donde se representó por primera vez en 1989-, un lugar el que coincidieron, en distintos momentos, ella, Ivor Bolton, y Amanda Roocroft.

Polaski, que junto a Silja está considerada una de las mejores sopranos dramáticas, ha hecho sentir con cada palabra y nota del checo Leos Janacek las emociones que desbordan un drama rural que en el día de su ensayo general hizo abrazarse llorando a las intérpretes.

En el papel de Jenufa, la británica Amanda Roocroft, que se alterna con la eslovaca Andrea Dankova, impacta con un papel en el que, desde que lo cantó hace diez años por primera vez, ha ido "creciendo" y es capaz de transmitir el mensaje sobre la redención y el poder del perdón a la vez que encarna a la víctima propicia de la doble moral y la violencia contra las mujeres.

En su papel de Laca Klemen, el celoso enamorado de Jenufa, el eslovaco Miroslav Dvorsky ha estado muy digno, y así se lo han reconocido con una cerrada ovación, así como el austríaco Nikolai Schukoff, que ha encarnado al desgraciado, en todos los sentidos, Steva.