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La polémica rodea la subasta de las gafas de Gandhi

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La subasta de las míticas gafas de Mahatma Gandhi, prevista para el jueves en Nueva York, ha encontrado la oposición de sus descendientes y del gobierno indio, que las reclaman ante el malestar de su actual dueño.

James Otis, coleccionista de antigüedades de Los Angeles, concedió a la casa de subastas Antiquorum los derechos para vender al mejor postor siete artículos de la vida de Gandhi, entre ellos las gafas, con el fin de emplear los beneficios en financiar programas contra la violencia.

En la subasta los interesados podrán pujar también por un reloj de bolsillo, un plato y un cuenco de comida, un par de sandalias, un análisis de sangre y un telegrama que fueron propiedad del líder indio.

La operación de venta fue calificada por la familia de Gandhi como un "insulto" y sus miembros no dudaron en hacer un llamamiento para la recaudación de fondos con el fin de adquirir ese patrimonio histórico y evitar que caiga en otras manos privadas.

En la misma dirección se manifestaron las autoridades indias, que en las últimas semanas aseguraron públicamente estar haciendo lo posible para evitar la subasta. Sin embargo, ningún miembro del Gobierno se ha puesto en contacto con Otis para llegar a un acuerdo sobre el destino final de los objetos del líder indio.

"Estoy muy triste por todo esto. He estado coleccionando artículos de Gandhi desde hace años a través de subastas o compras a particulares con la intención de realizar exposiciones. Mi intención nunca fue comercial pero he decidido venderlos para tratar de transmitir su mensaje", explicó Otis, afectado por las críticas.

Seguidor del ejemplo dejado por Gandhi, que según dice implica la práctica de guardar silencio absoluto los domingos, Otis afirmó que está dispuesto a cancelar la subasta y donar esos objetos a la India si el gobierno toma medidas políticas que "hagan a Gandhi sentirse orgulloso".

"Se las daré gratis si destinan el 5 por ciento del Producto Interior Bruto del país a mejoras sociales o realizan algún gran gesto a la altura de Gandhi", declaró.

Para Otis el revuelo organizado es incomprensible, porque las autoridades indias siempre "podrían comprar los objetos en subasta", y consideró que se ha suscitado mucho interés ahora gracias a que él ha sido capaz de agrupar un importante lote de artículos de Gandhi provenientes de diferentes orígenes privados.

"Creo que no tienen precio aunque espero que se haga un gran negocio", confesó Otis, quien confía en alcanzar como mínimo los 600.000 dólares por los que se vendió recientemente un reloj de Albert Einstein.

Antiquorum, por su parte, tasó la colección entre 20.000 y 30.000 dólares.

"El dinero lo emplearé para financiar actividades de promoción de la no violencia en países del tercer mundo", dijo Otis, al tiempo que señaló que su ilusión había sido exponer los objetos internacionalmente para ayudar a crear conciencia del mensaje de Gandhi, aunque no consiguió su objetivo.

"Los expuse en el museo de la Tolerancia de Los Angeles en 2002, para los niños y los he llevado por diferentes sitios pero no he sido capaz de moverlos por el mundo, para eso los he sacado a la venta para ver si alguien tiene más éxito", aclaró.

Otis admitió que "siempre hay algún miedo" de que los objetos puedan ir a parar a alguien con fines comerciales, pero insistió en que tiene "fe" en que la subasta sirva para transmitir las enseñanzas del líder indio.

"Sus palabras son más relevantes hoy que nunca" aseveró, esperanzado de que el nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, se convierta en el primer líder mundial capaz de abrazar las doctrinas a favor de la no violencia de Gandhi.