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La Policía filipina admite errores durante el secuestro de autobús en Manila

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La Policía de Filipinas reconoció hoy que cometió errores durante el secuestro ayer de un autocar con hasta 25 pasajeros en el que murieron nueve personas, incluido el secuestrador, un ex policía expulsado del cuerpo.

El director de la Policía, Leocadio Santiago, explicó que se produjeron varias deficiencias en la manera de gestionar la situación, que terminó con la muerte de ocho turistas provenientes de Hong Kong, incluida una niña de 13 años.

"Hemos visto algunas deficiencias obvias en términos de capacidad y de las tácticas o los procedimientos empleados, de modo que vamos a investigar", dijo a la prensa.

La Policía indicó que representantes del Gobierno de Hong Kong se han desplazado a la capital filipina para supervisar dicha investigación.

El Ejecutivo de la ciudad china se ha mostrado muy crítico con la gestión de la crisis y recomendado a sus conciudadanos que abandonen las islas al considerarlas inseguras.

El secuestrador, Rolando Mendoza, murió al ser alcanzado por un disparo en la cabeza efectuado por un tirador de la Policía con un arma de precisión.

El ex policía que abrió fuego con su fusil de asalto M-16 cuando los miembros de las fuerzas de seguridad llevaron a cabo el primer intento de penetrar en el vehículo, ubicado cerca de la plaza Rizal, uno de los lugares más visitados de la capital filipina.

Cerca de una veintena de agentes se situaron a ambos lados del vehículo y a mazazos rompieron la luneta delantera al mismo tiempo que trataban de abrir a la fuerza todas las puertas.

Santiago explicó hoy que la Policía decidió asaltar el autobús después de que el conductor lograra huir y relatara a los agentes que todos los rehenes estaban muertos, un dato que resultó ser falso.

"Cuando el chófer escapó y contó que Mendoza había empezado a matar a los rehenes, el comandante ordenó el asalto", relató.

La Policía identificó al sospechoso como Rolando Mendoza, un antiguo inspector con el grado de capitán que fue apartado del cuerpo en 2008 tras verse implicado en un turbio asunto de robo y extorsión con drogas de por medio.

Mendoza, de 55 años, exigía que se le absolviera de los cargos que pesan contra él y ser readmitido en el cuerpo, del que le quedaba sólo un año para jubilarse y cobrar una pensión.

Durante la jornada, las autoridades policiales mostraron su confianza en que el secuestro se resolviera por la vía de la negociación ya que, según indicaron, Mendoza había dado señales de buena voluntad al liberar a nueve de los rehenes.

Por su parte, el presidente filipino, Benigno Aquino, ha ordenado a los ministerios de Interior y Justicia que abran una investigación sobre el incidente.

El presidente, que acudió hoy al lugar de los hechos, consideró que la cobertura informativa del incidente, retransmitido en directo por varios canales de televisión del país, pudo beneficiar al secuestrador porque "le dio una visión de conjunto de la situación".

Sin embargo, reconoció que no había otra opción porque "si se hubiera ordenado un apagón informativo, se habría acusado al Gobierno de censurar las noticias". "Actuamos con transparencia", agregó.