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"Los políticos no pueden resolver una crisis económica"

Stephen Dubner. Periodista. Es coautor de ‘Superfreakonomics’, que aporta soluciones sencillas a los problemas complejos

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Stephen Dubner es autor, junto al economista Steve Levitt, de Superfreakonomics, la segunda parte del popular Freakonomics, que fue un gran éxito de ventas en los años noventa. Como su antecedente, se trata de una colección de investigaciones que, con un enfoque original y atrevido, trata de aportar conclusiones sencillas a problemas complejos. Si Levitt es el experto económico, Dubner es el que ordena y escribe los textos. Fue músico de rock en los años ochenta (formaba parte de una acreditada banda de Carolina del Norte), pero después cambió el teclado de su piano por el del ordenador y se ha forjado una brillante carrera como periodista y escritor.

En la introducción del libro se dice que han ignorado deliberadamente la crisis financiera. ¿Por qué?

Nuestra metodología no es adecuada para resolver un problema de esta magnitud. Es como si se le pide a un dermatólogo que cure un cáncer. Nosotros nos dedicamos a explicar las consecuencias de determinados comportamientos humanos, lo cual está más relacionado con la microeconomía que con la macroeconomía. Hay ya miles de economistas expertos en macroeconomía que estudian estas cosas, y si ellos lo hacen tan mal y se equivocan tanto, imagínese nosotros. Sería terrible.

Entonces, ¿no hay una solución fácil y barata, del tipo de las que ustedes defienden en su libro, para resolver la crisis?

No, ja, ja, supongo que soy un hipócrita diciendo esto, pero sí, hay problemas que seguramente no se pueden resolver con medidas sencillas y baratas.

De todas formas, como observador y periodista tendrá una opinión sobre lo que está pasando.

Lo que me sorprende es que la gente esté sorprendida con esta crisis. El origen es bien conocido: la búsqueda del máximo beneficio posible sin contrapartida por los riesgos que se toman. Cuando hay un incentivo para ganar mucho dinero y no existe ni un desincentivo ni una penalización por actuar de forma indebida, todo el mundo busca su interés personal de forma agresiva. Así se creó una gran burbuja inmobiliaria, y creo que las soluciones que se están buscando simplemente están transfiriendo esa burbuja a otro lugar y a otro momento. Y cuando esta otra burbuja estalle, todo el mundo se preguntará sorprendido, una vez más: ¿cómo ha podido ocurrir?

¿Está acertando Obama en su enfoque para afrontar la crisis financiera?

Es curioso, porque Obama era percibido como un liberal moderado, o como un demócrata muy racional y analítico, y se rodeó de personas muy similares. Pero enseguida se contagiaron del virus de la Casa Blanca y empezaron a comportarse como políticos, de forma que ahora nadie está contento con Obama. Pero en general esperamos demasiado de los políticos. Los presidentes no pueden resolver los problemas económicos. Incluso ahora, cuando los gobiernos toman tantas medidas económicas y fiscales, su capacidad para mover la aguja es escasa. Pero es probable que Obama saque un buen resultado en las próximas elecciones, porque para entonces la economía estadounidense se habrá recuperado bien, y la gente tenderá a pensar que ha sido por su gestión, pero la relación entre política y economía es mucho más débil de lo que se cree.

Sus libros parten de la provocación como elemento de debate. ¿Cuál es la historia más polémica que han escrito?

Depende de cómo se vea. Cuándo establecimos una relación entre el aborto y la caída de la criminalidad, hubo un gran debate, pero no se nos atacó mucho, porque nos cuidamos de explicarlo muy bien. Nuestras opiniones sobre el cambio climático también han sido muy controvertidas, pero aquí ha intervenido más un factor ideológico. Además hay una gran industria y muchos intereses que promueven una serie de soluciones, que a nosotros no nos convencen, y por eso tenemos muchos detractores. Y otra historia que nos han criticado mucho es la de las sillitas de los niños en los coches. A los padres les cuesta mucho admitir que no funcionan bien, aunque las cifras así los corroboren.

Uno de sus mayores críticos, especialmente por sus opiniones sobre el cambio climático, es el premio Nobel de Economía Paul Krugman. ¿Qué opinión tiene de él?

Lo que me dicen mis amigos economistas es que Krugman dejó de ser un investigador económico hace mucho tiempo y que, desde entonces, se ha dedicado a ser una especie de lumbrera. Krugman está muy condicionado por su deseo de influir en la política y parte de la metodología de esa estrategia que utiliza consiste en insultar a quien no está de acuerdo con él.

Sus libros generan bastante debate, pero ¿cambian la realidad?

Es una pregunta que nos hacemos constantemente. Yo la verdad es que dudo que tengamos un impacto importante. A veces nos llegan algunos políticos que nos dicen que han cambiado su visión de la realidad con la lectura de nuestros libros, pero la política y la lógica no siempre van de la mano. Lo que ocurre es que sí hay libros que contribuyen a cambiar el mundo muchos años después de ser publicados.

¿Por qué el título de Freakonomics', que sugiere ideas económicas muy raras?

Se le ocurrió a la hermana de Steve Levitt, y cuando lo oímos pensamos que era tan malo que quizás funcionara bien y que los lectores superarían un título así cuando se dieran cuenta de que el contenido era interesante.