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La pólvora iluminará el Guggenheim

Cai Guo-Quiang quiere que Europa "encuentre provocadora" toda su obra

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¿Qué reacción despierta en el público la obra de Cai Guo-Quiang? Hay varias respuestas y todas buenas. Este artista chino (Quanzhou, 1957), que asombra al mundo con pinturas de pólvora e inmensos montajes, lo ha vuelto a percibir este último año con la retrospectiva I want to believe, que el Museo Guggenheim de Bilbao mostrará también a partir del próximo martes.

Cuenta que a su paso por Nueva York la crítica y el público, en general, fijaron su atención en analizar, por ejemplo, 'los medios y los métodos que utilizaba en mis creaciones', la interacción de estas con el visitante, así como el 'valor de mi arte como entretenimiento. Sin embargo, en China, examinaron más cómo yo, como artista chino, utilizo la cultura y las tradiciones antiguas y qué efectos tiene eso en el mundo. Han encontrado una nueva fe, una nueva confianza y una nueva reafirmación de la cultura china', afirmaba ayer, sentado en un pequeño taburete de madera, en un alto del montaje de la muestra en la pinacoteca de titanio.

La cuestión ahora, tras su paso por China y EEUU, es qué reacción espera de la crítica en Europa, cuando el Guggenheim de Bilbao abra sus puertas el día 17 para mostrar esa misma retrospectiva.

'He trabajado mucho tiempo en esta exposición con la esperanza de que el visitante europeo encuentre provocadora mi obra, y de que Europa estudie, a través de mi trabajo, distintas formas de creación y arte, y además tenga en cuenta temas artísticos que para mí son muy significativos', cuenta con un aire optimista.

Coches por los aires

El montaje de la exposición, que Cai Guo-Quiang sigue al detalle, no ha dejado por el momento indiferente a nadie. Tampoco al paseante. Desde el exterior del Museo, ya puede apreciarse parcialmente una de sus más espectaculares instalaciones, Inoportuno: primera etapa (2004), en la que representa la explosión de un coche y cómo vuela por los aires, con ocho automóviles suspendidos entre tubos de luz y fuego.

La exposición también incluye su conocida y sobrecogedora obra De frente, compuesta por 99 réplicas de lobos a tamaño real, fabricados en la ciudad natal de Cai Guo-Quiang, Quanzhou, con piel de cordero, heno, alambres, plástico y mármol.

Todo esto forma parte ya del legado de este artista, que creció en la China de Mao como persona; entre Japón y EEUU, como artista, y que ahora busca nuevas órbitas artísticas. 'Esta retrospectiva es un adiós a ciertos aspectos de mi carrera. Pienso que puedo hacer algo distinto', dice con una mezcla de ilusión y temor. 'Lo vivo como un niño que enciende un explosivo, se aleja y se tapa los oídos, porque piensa que el petardo va a ser más grande, pero luego el efecto siempre es el mismo. Lo importante para mí, en todo caso, es no perder el interés en mi trabajo'.

Sus nuevos proyectos no dependen de él en exclusiva. La crisis global que se ha cebado también en el mundo del arte puede condicionar el proyecto que impulsa en su ciudad natal, dentro de la serie de Museos de Arte Contemporáneo (MoCA). Tras la apertura de tres, en Japón, Italia y Taiwan, 'Norman Foster me está diseñando el que quiero abrir en mi pueblo. Será muy distinto a los anteriores. En China, voy a requerir cierta financiación y, sobre la crisis, sí, esta tendrá algún efecto. No obstante, esta crisis debe conducirnos para trabajar en la dirección más correcta'.

En el pasado, lo logró. Desde que hace más de 20 años dejó China para crecer como artista, no ha dejado de hacerlo. Esta retrospectiva batió los récord de asistencia en el Guggenheim de Nueva York con 400.000 visitantes.