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El Pompidou explora el idilio entre la danza y los genios del arte

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El Centro Pompidou de París presentó hoy una macroexposición en la que arroja una nueva mirada sobre la relación entre la danza y las artes plásticas a través de las obras de genios como Picasso, Matisse, Warhol, Pollock, Duchamp, Man Ray o Pina Bausch.

"Danser sa vie" recorre en 450 obras todo un siglo de movimientos corporales, desde los postulados que marcó el icono estadounidense Isadora Duncan hasta los movimientos desenfrenados de la música dance y pop de los años 80.

Programada hasta el 2 de abril, el visitante puede descubrir en 2.000 metros cuadrados los lazos "extremadamente fructíferos e intensos" entre la danza y las artes visuales, explicó a Efe la comisaria de la exposición Emma Lavigne.

Se trata de rendir tributo a las expresiones de la danza que "alumbraron la chispa de la modernidad a principios del siglo XX, inventando nuevas formas y revolucionando la representación del cuerpo en movimiento", agregó Lavigne, que ha dividido el recorrido en tres ejes temáticos: el cuerpo como expresión de la subjetividad, la abstracción del cuerpo y los vínculos entre la danza y la representación.

Y todo ello aderezado con grandes nombres del arte moderno y contemporáneo como los escultores Constantin Brancusi y Auguste Rodin, el fotógrafo Alexandre Rodtchenko, los pintores Wassily Kandinski, Francis Picabia o Fernand Léger, y coreógrafos de la talla de Merce Cunningham.

La muestra arranca con el inmenso óleo "La danse de Paris" de Henri Matisse (1869-1954), se sumerge en las fotografías con las que el pionero Eadweard Muybridge descomponía el movimiento y continúa con uno de los escasos testimonios en celuloide de Isadora Duncan, precursora de la danza moderna, ensayando en un jardín envuelta en una túnica blanca.

En la sala anexa es donde se puede encontrar la proyección más antigua de la muestra (1897), firmada por los hermanos Lumière, quienes inmortalizaron una coreografía de una de las principales vedetes de la "Belle Époque", Loie Fuller, quien ejerció "una influencia mayor" sobre los futuristas, destacó Lavigne.

También se aborda la figura de Pablo Picasso a través de una reproducción del ballet futurista "Parade" de 1916, al que el genio malagueño contribuyó con el diseño de un vestuario de corte cubista, y se zambulle en la leyenda cabaretera de Josephine Baker, quien esboza algunos de sus pasos en una pantalla de cine.

El cuerpo al servicio del movimiento, como otras vanguardias artísticas, también ha dejado una historia salpicada de escándalos, como el trabajo del ruso Vaslav Nijinsky, quien ofendió a la burguesía parisina de 1912 con una coreografía con referencias onanísticas. El propio Rodin tuvo que salir a defenderle públicamente.

La esencia de la provocación, por partida doble, se adueña del espacio dedicado al francés Yves Klein, quien en "Antropometría de la época azul" (1960) embadurnó de pintura azul a unas modelos desnudas y les ordenó que se restregasen contra un lienzo que firmó él y ejecutó con "pinceles vivos" sin intervenir directamente en la obra.

A través de la vasta selección de artistas de la muestra, el Pompidou intenta aclarar de qué forma se han influenciado mutuamente la danza moderna y las artes del siglo XX.

En el caso de Picasso, "solo su relación con la danza ya merecería una exposición exclusiva", aseguró Lavigne, quien se remite a las palabras del experto alemán Werner Spies para subrayar que "la danza fue un vector de amplificación de las formas" de Picasso.

El autor del "Guernica" se casó en 1918 con la bailarina rusa de ballet Olga Chochlova, quien inspiró su serie de mujeres acróbatas, de las que dos se exponen en la muestra, una de ellas procedente de Málaga.

A su vez, Picasso tuvo "una influencia inmensa" sobre la gran exponente de la coreografía estadounidense Marta Graham (1894-1991), creadora de una de las principales escuelas de danza moderna.

La propia Graham dijo siempre que quería hacer "una danza tan revolucionaria como la de Picasso", y de hecho se inspiró profundamente en el óleo "Chica joven delante de un espejo" en la que el pintor español hizo "estallar" sobre el lienzo los sentimientos de la modelo.

Entre las varias actuaciones en vivo que acompañan el recorrido, la guinda final la pone un "gogó" que baila desenfrenadamente sobre un podio luciendo un calzoncillo propio del fulgor de los años ochenta y las pistas de baile inundadas hasta el amanecer.

Mario Roehrich