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"La portería eran dos piedras y el balón, de bolsas de plástico"

Tchité no olvida sus orígenes

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Su relación con el gol no es de ahora. Viene de la infancia, cuando Mohammed Tchité empezó a jugar al fútbol en los campos de Burundi, el noveno país más pobre del mundo. Entonces, pretendía imitar a Roberto Baggio. 'Jugaba descalzo, poníamos dos piedras de portería y los balones los hacíamos nosotros con bolsas de plástico'. Hizo también algo de baloncesto, pero la tentación siempre fue menor.

'Desde que empecé a jugar de delantero, no quise ser otra cosa en mi vida'. Hoy, Tchité es un goleador reputado en el viejo continente que reivindica su pasado. 'He sido elegido mejor jugador africano, he sido campeón de Liga en Bélgica y mis goles fueron nominados por dos veces como los más lindos del país'.

Su biografía se asocia al perfil heterogéneo de los africanos. Para empezar, atiendan a este dato al preguntarle si tiene algún hermano: 'No, hermanos no; hermanastros, sí, siete'. Después, cuesta ubicarle en el mapa, porque posee hasta cuatro nacionalidades: 'La de Congo, por mi madre; la de Ruanda, por mi padre; la de Burundi, por mi partida de nacimiento, y la de Bélgica, por adopción'.

Jamás olvidará el primer día que pisó suelo europeo. 'Al salir del aeropuerto, no paraba de nevar'. Y no le pide nada a la vida que no le haya dado. 'Sólo Dios sabe lo que puede pasar en el futuro', contesta al preguntarle si prefiere jugar en el Madrid o en el Barça.

Los periodistas de Santander están encantados con él, porque 'es un tipo que nunca te falla. Si se compromete, está ahí'. Sus ojos realmente no se olvidan. Tampoco la nobleza de su mirada. Quizá sea la consecuencia de un triunfo muy humano. Tchité, de 24 años, ha sufrido para llegar hasta aquí, 'porque en África hay muchos futbolistas y no pueden llegar todos'.

De ahí que valore lo que tiene. Se enorgullece de estar en el mismo equipo que una leyenda como Munitis. También parece un tipo discreto.

La entrevista es en castellano, pero podría ser en inglés, porque Tchité habla varios idiomas, 'es lo que tiene la vida del emigrante'.

Antes de jugar en el Racing, estuvo en el Standard y Anderlecht, donde se anunció al mundo como delantero. Allí también se acostumbró 'al frío y a la lluvia', lo que ya no representa problema para él. De Santander, está enamorado 'de la playa'. No es hombre de noche y se pierde por un plato de alubias.