Público
Público

Portugal supera su cita en el mercado y presenta su primer ajuste estructural

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Portugal superó hoy sin mayores problemas la primera subasta de deuda pública desde que Standard & Poor's (S&P) rebajara su nota y presentó una de sus principales reformas, centrada en el mercado de trabajo.

El país logró colocar el montante máximo de la emisión de hoy, 2.500 millones de euros, con intereses más bajos que en anteriores ocasiones, lo que refleja que los inversores minimizaron el recorte de la agencia de calificación, que colocó el viernes su nota a nivel de "bono basura".

Toda la atención se concentraba en los títulos con vencimiento a once meses, ya que Portugal no acudía al mercado para colocar deuda con un plazo superior a seis meses desde que solicitara el rescate financiero a la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, finalmente se adjudicaron los 1.250 millones de euros puestos a la venta en esta línea a un interés del 4,98 por ciento.

La última subasta a tan largo plazo se remonta a abril de 2011, cuando se colocaron 455 millones de euros a cambio de una penalización del 5,9 por ciento.

A seis meses, Portugal vendió 754 millones a cambio de un interés del 4,74 por ciento, medio punto menos que en la anterior subasta equivalente, el pasado mes de noviembre.

En el caso de las letras a tres meses, los inversores exigieron una rentabilidad del 4,34 por ciento para comprar deuda por valor de 496 millones de euros, exactamente la misma tasa que la registrada en la primera emisión del año, hace quince días.

Mientras los mercados daban un pequeño respiro a Portugal, el Gobierno luso presentó su primera reforma estructural, después de que en los últimos seis meses basase su política económica en el recorte del gasto público y en el aumento de impuestos.

El primer ministro portugués, el conservador Pedro Passos Coelho, aseguró hoy durante la firma del acuerdo con los agentes sociales que la nueva regulación del mercado de trabajo es "más ambiciosa, más innovadora y más audaz" que la pactada inicialmente con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional como contrapartida por el rescate financiero.

Acompañado de los representantes del sindicato UGT y de la patronal, Passos Coelho subrayó que el acuerdo alcanzado es "equilibrado para todas las partes" y supone una "interpretación realista de la situación que el país atraviesa", inmerso en la considerada por muchos como la mayor crisis de su historia.

Fuera del consenso se situó el mayor sindicato luso, la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP, de tendencia comunista), que según sus propias cifras tiene más de 700.000 afiliados y que rechaza de plano la reforma laboral por considerarla "un regreso al sistema feudal".

La nueva regulación del mercado laboral disminuye las indemnizaciones por despido y facilita éstos en casos de "inadaptación" del empleado o "extinción del puesto de trabajo".

Además, reduce a la mitad la cantidad pagada por cada hora extraordinaria y recorta el subsidio de desempleo, prestación que sólo podrá ser cobrada un máximo de dos años y dos meses, cuando hasta ahora el tope estaba en tres años y un mes.

El documento recoge la supresión de los tres días de vacaciones que algunas compañías daban a los empleados que no faltaban ni un solo día del año al trabajo, pasando de 25 a 22 jornadas, así como de otros cuatro días del calendario de festivos.

Otra de las novedades radica en que los parados que acepten un trabajo con un salario inferior al valor de su subsidio de desempleo puedan seguir cobrando la mitad del paro durante los seis primeros meses de contrato y un 25 por ciento en los seis siguientes.

Asimismo, la polémica media hora diaria extraordinaria sin remuneración propuesta por el Ejecutivo fue finalmente suprimida por no suponer un aumento real de la productividad, en opinión de los sindicatos.

La primera manifestación contra la nueva reforma laboral no se hizo esperar y hoy mismo centenares de miembros de la CGTP recorrieron las calles de Lisboa para decir "no al robo de derechos, a los despidos y al trabajo forzoso".

Los derechos laborales de los portugueses estuvieron especialmente protegidos durante décadas por una Constitución redactada en el periodo posrevolucionario de 1974.