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Posconciertos privados con versiones etílicas de los Beatles y Metallica

Ramón Rodríguez, voz y guitarrista de 'The New Raemon'

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Abrir un concierto para The Jayhawks me habría parecido imposible hace 15 años. La vida tiene estas cosas, a veces se te presentan situaciones que ni siquiera llegas a imaginar.

Pasé mi juventud escuchando miles de discos, entre ellos Tomorrow the green grass, de los Jayhawks, y hace poco tuve el gusto de entretener a su público con mis canciones antes de su actuación en Santander. No es la primera vez que me ocurrealgo así, viví algo similar abriendo shows para Echo and The Bunnymen, Girls Against Boys, Karate o The Fire Theft: algunos de los grupos a los que había llegado a pinchar una y otra vez en mi equipo estéreo. Jamás hubiera imaginado que años más tarde aquellos músicos se cruzarían conmigo en la carretera o que algunos terminarían siendo buenos amigos míos Los caminos de la canción son inescrutables.

'Me habría gustado felicitar a The Jayhawks por su brillante recital, pero hay situaciones que es mejor aprovecharlas estando más sobrio'

Esta clase de sorpresas las trae el dedicarse a escribir canciones, nunca sabes hasta dónde son capaces de arrastrarte esa melodías que surgen sin más en el comedor de tu casa. El otro día me condujeron hasta el In-Festival y allí tocaban los Jayhawks y Eli Paperboy Reed entre otros. No tuve las agallas de saludar a Mark Olson y a Gary Louris las almas al frente de los Jayhawks porque mi banda acabó tan contenta disfrutando del concierto que nos encerramos en el camerino a brindar entre amigos y a cantar versiones etílicas de los Beatles, The Band e incluso desternillantes adaptaciones de parte del antiguo repertorio de Metallica. Con tres copas de más cualquier canción es bienvenida. Me hubiera gustado felicitar a Olson y Louris por el brillante recital que allí nos brindaron, pero hay situaciones que es mejor aprovecharlas estando más sobrio.

Puede que lo mejor de la carretera sea conocer a gente totalmente desconocida, como aquellos promotores de conciertos que tienen la misma edad que tú o que son incluso más jóvenes (o mayores) y que conservan intacta toda esa energía que hizo que un vinilo condicionara su modus vivendi. Decía Groucho Marx que la edad no es un tema especialmente interesante, que cualquiera puede envejecer y que lo único que se necesita es vivir lo suficiente. Un tipo audaz el señor Groucho. Eso mismo es lo que hacen las personas que dan tanta importancia a las canciones, ya sea escuchando o componiéndolas. Todos ellos las viven cómo si el mundo estuviera en peligro; no lo olviden: lo está.

Siempre defiendo que cualquiera puede escribir una canción o tocar un instrumento, pero hay excepciones: bandas cómo los Jayhawks, que pueden hacer que escribir un solo tema a su altura sea un deseo imposible. Robert Smith (The Cure) cantaba aquello de To wish impossible things ¿Porqué no desearlas? Porque es mucho mejor conservar intactos los misteriosos mecanismos que mueven nuestro interior, los que hacen que te levantes en plena noche para tocar la guitarra y grabes algo que ha aparecido sin más, los que hacen que alguien sea capaz de verte entre la multitud y de corresponderte, aquellos mecanismos que al sonar clic son capaces de aplastar las dudas

Esos mecanismos que hacen sonar tan bien a The Jayhawks, eso mismos que hacen posible lo imposible.