Publicado: 31.10.2014 09:32 |Actualizado: 31.10.2014 09:32

El postfeminismo de las 'desesperadas'

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Es un día cualquiera en el apacible y distinguido barrio de Wisteria Lane, una ama de casa de vida acomodada se levanta como todas las mañanas y se dispone a cumplir su tranquila -y abnegada- rutina..."Me llamo Mary Alice Young, cuando lean el periódico de hoy puede que vean un artículo sobre mí. Normalmente no pasa nada interesante en mi vida, pero eso cambió (...) preparé el desayuno de mi familia, hice las tareas de la casa (...) Pase el día sacándole brillo a la rutina de mi vida para que resplandeciera con toda perfección. Por eso me resultó tan asombroso que decidiera ir al armario del pasillo a coger un revolver que jamás se había usado. Mi cadáver lo descubrió mi vecina (...)". Así, con el suicidio de su narradora, arranca Mujeres Desesperadas, un simbólico e inquietante comienzo que dá el pistoletazo de salida a un mundo de situaciones que viven cuatro amigas en un entorno y una realidad que las sobrepasa.

La contradicción y la ironía son los componentes que más llaman la atención en la exitosa serie, así lo destaca la profesora de la UNED, María García Lorenzo, que contó en las Jornadas de oratoria femenina "Tomo la palabra" todos los entresijos de estas mujeres "desesperadas". La tira norteamericana dirige la mirada hacia tradicionales amas de casa, que viven en una sociedad postfeminista que les proporciona -aparentemente- un clima favorable, mostrando muchos tipos de mujer y no precisamente "ideales", añade la profesora.


Por un lado están representadas las amas de casa, que aunque muy diferentes entre sí, tienen un denominador común que las une; están casadas y dedican su vida a cuidar de los suyos. Y luego está el personaje de Edie, que encarna a la mujer triunfadora, liberal y soltera, a quién no terminan de aceptar en el grupo. Un estilo de mujer al que Mary Alice dedica perlas como esta; "En este mundo hay mujeres peligrosas, sinuosas depredadoras esperando a atacar. Podemos distinguirlas por el lápiz de labios que usan, los zapatos que se ponen y el perfume que eligen. Pero la forma más fácil de distinguir a una mujer peligrosa es ver cómo se comporta con el marido de otra mujer"

Postfeminismo trasnochado

No hace tanto tiempo la mayoría de las mujeres estaban costreñidas al ámbito privado. Eran las amas de casa tradicionales que no tenían otra opción que la de dedicarse en cuerpo y alma a cuidar de los hijos, el marido y el propio hogar. Con la llegada de los movimientos feministas en los años 70 se rompieron esos cánones pero, en la actualidad, según cuenta García Lorenzo, el postfeminismo parece volver a reactivar esos "tics" patriarcales y esas estructuras que parecían ya olvidadas.

El postfeminismo parece volver a reactivar esos "tics" patriarcales y esas estructuras que parecían olvidadas. Los estereotipos y las presiones sociales a las que se ven sometidas (cuestiones de imagen o edad) y los conflictos entre lo que significa ser mujer y lo femenino (maternidad, relación con el propio cuerpo, sexo, relación monógama o libre con los hombres, etc) hacen que las libertades conquistadas no lleguen a satisfacerlas, incluso a "desesperarlas", sigue García Lorenzo. La pregunta es, ¿qué pasa con estas mujeres?, ¿qué les alegra?, ¿qué les frustra?, ¿qué las desespera? "Poco se había indagado sobre esto hasta el lanzamiento de la tira", se lamenta la profesora de la UNED.

En esta nueva era, la de después del feminismo, las series de televisión han querido reflejar este nuevo estilo de vida femenino, aunque no todas ellas lo hacen de la misma manera. Mientras que la conocida serie americana Mujeres Desesperadas se centra en la vida doméstica de cuatro amas de casa y sus múltiples frustraciones a pesar de su acomodada y aparentemente tranquila vida, otras como Sexo en Nueva York muestran —como también han hecho Ally McBeal, The Good Wife, Bones o CSI— los logros del postfeminismo: "Educación, empleo e igualdad, al menos en la teoría", aclara García Lorenzo.

Se trata de mujeres que son amas de casa por decisión propia, que teniendo la oportunidad de formarse, tener carreras prometedoras, sin embargo, deciden quedarse en casa. "Mujeres Desesperadas es una serie pionera, en primer lugar, porque trata un tema que parecía olvidado, el ser ama de casa, el papel de lo femenino dentro de la familia, del hogar, y lo hace de una manera muy irónica, llamándonos la atención sobre distintos aspectos de la vida de las mujeres que se suponían asumidos".

El hecho de que la serie de la ABC "mate" en el primer capítulo a unas de ellas convirtiéndola en narradora póstuma no es casual. Mary Alice parece coger los estribos de su vida tras su muerte y se convierte en una figura  omnipresente que cuenta -y opina- sobre los problemas habituales de la aparentemente idílica vida de la burguesa Wisteria Lane y por qué sus amigas están desesperadas. 

La voz post-mortem femenina desincorporada, nos cuenta García Lorenzo, -fuera de los límites biológicos e históricos, lejos de las coordenadas identitarias tradicionales como el sexo, la maternidad, el matrimonio, el hogar, etc- se ha utilizado con frecuencia en la literatura para reafirmar temas que se resisten a ser enterrados y silenciados o para dar voz a aquellas mujeres que en vida no la tuvieron. Se produce, un empoderamiento de la figura femenina desafiando las leyes de la física y dándole voz a éstas mujeres ya desaparecidas. 

Los defectos de la sociedad postfeminista se exponen en todas sus vertientes, sigue la profesora. Las mujeres de Desperate Housewives podían ser independientes, tener las mismas posibilidades que los hombres y aún así siguen frustradas, la misma sociedad en la que viven las enloquece. Cuando Mary Alice muere, las cuatro protagonistas que eran sus amigas se plantean una pregunta que García Lorenzo destaca especialmente: ¿Cuál era el problema de su vida, si era como la nuestra? "La serie desmitifica los papeles de idílicas amas de casa que tienen las protagonistas, que no tienen esa vida tan ideal que aparentan; y la narración póstuma —con ciertos tintes de superioridad moral— se encarga continuamente de recordarlo" concluye.

En Wisteria Lane no es oro todo lo que reluce, en sus más recónditos recovecos se esconden las miserias de una sociedad que decide por norma lavar los trapos sucios en casa, o simplemente acumularlos escondidos. Mujeres Desesperadas deja patente que las condenadas a cargar con el peso de la sociedad postfeminista-aparentemente- avanzada, son las mujeres, que viven como pueden al fragor de un mundo que las consume y que les exige una ilusoria perfección que no hace más que frustarlas.

Lo único que reluce en la vida de estas desesperadas son al final ellas mismas y la amistad que las une. Como reza en uno de los capítulos Mary Alice: "Es bueno tener amigas que nos ayuden a limpiar la suciedad. Pero toda ama de casa sabe que cuando se limpia una suciedad, siempre aparece otra. Y puede que nos encontremos justo como al principio".

La historia ha sido tradicionalmente contada por hombres. Eran ellos los dueños del ámbito público, de sus hazañas y a las mujeres no le quedaba más remedio que quedarse en el ámbito de lo privado, en el que la frontera era la puerta de su casa. Quizás sea por esa diferenciación histórica que aún ahora el discurso femenino sigue siendo más expresivo, emotivo y generalmente más cercano.

Reírse de sí mismas, el despliegue emocional y un tono característico marcan los discursos femeninos, cargados de una fuerte identidad de género y, muchas veces, puestos en un segundo plano con respecto al de los hombres. Estos temas se trataron en las jornadas Tomo la palabra Mujeres, voz y narración oral, organizadas por la UNED, que buscaban abordar la temática del "narrar femenino", su pasado y presente.

¿Nos hemos perdido el lado femenino de las cosas?, ¿tendríamos una visión diferente si las mujeres hubiesen tenido un papel diferente? Monteserrat Palau, profesora de la universidad Rovira i Virgili de Tarragona, lo tiene claro: "Obviamente esto es así, pero no es que las mujeres no contaran o no se atrevieran a contar, sino que era la misma sociedad y las leyes las que se lo impedían", explica.

El contexto histórico y social, asegura, marcan el discurso femenino: "Nosotras relacionamos tradicionalmente la memoria personal con la memoria histórica", un aspecto sigue siendo determinante a la hora de juzgar los discursos femeninos. "Cuando una mujer da un discurso nos seguimos fijando en cuestiones banales como qué lleva puesto o qué tipo tiene, en cambio cuando un hombre habla, por más que vaya hecho un desastre, nos fijamos en lo que dice", se lamenta Palau.