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Prada sorprende en Milán con una sofisticada línea "andrajosa"

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La estilista italiana Miuccia Prada presentó hoy en la Semana de la Moda Femenina de Milán "Milano Donna" una colección para la primavera-verano 2008-2009 en la que el aspecto "andrajoso" de buena parte de las prendas se combina con elementos de gran sofisticación, como sombreros y altísimos tacones.

El tono de la colección, con la que Prada sorprendió de nuevo en la pasarela milanesa, lo marcan los trajes que parecen hechos con trapos, los tejidos de aspecto acartonado, las faldas que simulan ropa interior de mala calidad, los sujetadores a la vista y los delantales que no se sabe cómo anudar en lugar de chaquetas.

La diseñadora expresó su propósito de hacer "cosas simples de manera importante y sofisticada", una aparente contradicción que Prada intenta salvar al combinar estas prendas de aspecto desfasado con altísimos tacones que provocaron varias caídas de las modelos y les hicieron moverse con cierta torpeza y escasa sensualidad.

Además, la modista reforzó el toque refinado con sombreros con estampados que simulan la piel de un reptil y otros que parecen hologramas, además de una línea algo distinta en la que prevalecen el color oro y los tonos metálicos.

Otros colores importantes en los diseños de Prada son el negro, el caqui, el rojo burdeos y blanco.

La diseñadora canaria Cristina Ortiz, por su parte, optó en sus creaciones para la firma Salvatore Ferragamo por un estilo ligero y de siluetas alargadas, la asimetría en el corte de las prendas y los drapeados sostenidos por anillas, todo ello en una gama de colores en la que predominan el beis rosado, el marrón y el rojo coral.

El belga Raf Simons, cuya colección para Jil Sanders recibió una gran acogida en la pasarela milanesa, se decantó por una línea de trajes de chaqueta blancos y faldas largas o pantalones estrechos combinados con amplias chaquetas, fundamentalmente en tonos azules, marrones y negros.

Como detalles que marcan la línea de Jil Sander destacan los flecos que se extienden a lo largo de toda la prenda y los tejidos finos con franjas transparentes.

Frente a esta sobriedad, Blumarine apuesta por un "lujo precioso" para mercados emergentes, una suntuosidad que se refleja más en los detalles como remates en piedras preciosas, estampados y drapeados que en la "madurez" que muestra el corte, generalmente amplio y largo, o la prevalencia de colores apagados.

Una contención ausente en los diseños de Moschino, que, con el rombo como "leit motiv" y una referencia constante a la década de los años 60, exhibe una elegancia exagerada, incluso irónica, en elementos como grandes corolas de rosa convertidas en faldas, grandes estolas, zapatos-escultura o gafas que confieren un aspecto felino.