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Un presidente discreto, negociador y católico

El político belga es admirado por haber conseguido formar Gobierno cuando su país estaba en el limbo

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El primer ministro belga, Herman Van Rompuy, elegido este jueves para ocupar el primer puesto de presidente de la Unión Europea, era hasta hace unos días prácticamente un desconocido fuera de su país, pero su gestión de menos de un año al frente del Gobierno de Bélgica, del que se hizo cargo tras 18 meses de grave crisis política, le ha hecho merecedor de una reputación de discreto, hábil negociador y experto en lograr consensos.

De 62 años y sin experiencia internacional, la popularidad de Van Rompuy no ha hecho más que crecer en su país desde que se hizo cargo del Gobierno belga, donde ha mostrado firmeza a la hora de manejar una difícil coalición.

Van Rompuy heredó de su antecesor y compañero de partido, el polémico Yves Leterme, un país en plena convulsión entre las comunidades flamenca y francófona.

Siempre ha militado en el partido democristiano flamenco (CD&V). Fue presidente de la cámara baja del Parlamento belga en 2007 y entre 1993 y 1999 fue ministro de Presupuesto en el Gobierno cristianodemócrata de Jean-Luc Dehaene. Está considerado un partidario de la línea dura presupuestaria.

Nació en Bruselas, fue educado por jesuitas, se licenció en Filosofía y Económicas en la Universidad Católica de Lovaina y en los años 70, antes de entrar en política, trabajó en el Banco Central. Es un ávido blogero y autor de seis libros.

Profesa la religión católica y por ello defiende una Europa cristiana en la que no tendría sitio Turquía, según dijo hace cinco años en un debate en el Parlamento belga, algo que la extrema derecha del país no ha tardado en recordar en cuanto su nombre comenzó a sonar para presidir la UE.