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El presidente surcoreano recibe un apoyo condicionado para aplicar sus reformas

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Los comicios legislativos en Corea del Sur han dado la puntilla a una década de hegemonía de centro-izquierda y otorgado un apoyo condicionado al presidente, Lee Myung-bak, para llevar a cabo sus reformas económicas.

El presidente surcoreano se mostró hoy satisfecho con la victoria de ayer, afirmó que "la opinión pública" está "a favor" de su programa y agregó que será "fácil" obtener un entendimiento en la Asamblea para avanzar en "asuntos de Estado".

La victoria del grupo de Lee, el Gran Partido Nacional (GPN), con 153 escaños de los 299 de los que consta el Parlamento unicameral surcoreano, resulta no obstante un poco corta para emprender con total libertad el programa de reformas económicas de corte liberal que lo encumbró al poder.

El presidente necesitaba alrededor de 170 escaños para hacer y deshacer a su antojo, pero tendrá que batirse contra una oposición debilitada y, con más energía si cabe, contra las facciones de la derecha que no están de acuerdo con su programa.

El pasado diciembre los surcoreanos dieron su confianza a un Lee que prometió en campaña elevar el crecimiento económico al 7 por ciento del PIB y la renta per cápita hasta los 40.000 dólares, y situar a Corea del Sur entre las siete primeras economías del mundo.

Pero desde entonces la coyuntura económica global ha dado un giro radical.

Corea del Sur es un país eminentemente exportador y se ve afectado por la desaceleración de la economía en todo el mundo, que en estos momentos está perdiendo el hambre por las exportaciones surcoreanas.

Por el momento, la economía surcoreana crece de manera saludable, pero los votantes sufren por asuntos como los crecientes precios de la vivienda y la desaceleración económica.

Lee cree saber cómo reconducir la situación, con medidas liberalizadoras e iniciativas como un titánico proyecto de canales que cruzarían todo el país, pero el turbulento momento económico internacional no ayudará a su empresa.

A eso se suma la oposición que encontrará Lee en la Asamblea Nacional, con 25 escaños controlados por los independientes y otros dos partidos de derecha que cuentan con 18 y 14 escaños respectivamente.

Este último, el partido escindido a última hora del GPN de Lee, está compuesto por los partidarios de Park Geun-hye, hija del dictador Park Chung-hee que dirigió el timón surcoreano entre 1963 y 1979.

La facción de los partidarios de Park, que cuenta con simpatizantes también en las filas de Lee, ha sido una de las razones de que el GPN no haya logrado una mayoría más contundente en el Parlamento.

Las vendettas políticas, tanto en la derecha como en la izquierda, son la razón que citan los analistas surcoreanos para justificar la participación más baja de la historia en unas elecciones legislativas, del 46,1 por ciento.

La economía fue la que encumbró a Lee al poder, pero el asunto que se ha encaramado hasta lo más alto de la agenda en las últimas semanas es Corea del Norte.

Atosigado por la falta de comida para alimentar a sus habitantes y tratando de ganar tiempo hasta que un nuevo inquilino llegue a la Casa Blanca, el régimen comunista norcoreano ha endurecido su posición durante las últimas semanas.

Entre otros gestos, Pyongyang ha expulsado a los funcionarios surcoreanos del parque industrial conjunto de Kaesong, al norte de la frontera, ha endurecido su discurso hasta tachar de "traidor" de a Lee Myung-bak y lanzó varios misiles de corto alcance al mar, lo que genera preocupación en Corea del Sur.

Corea del Norte anunció ayer un acercamiento con Estados Unidos en el contencioso nuclear, pero portavoces estadounidenses rebajaron posteriormente las expectativas.

Lee, que en los primeros meses de 2008 ha sido un convidado de piedra en las conversaciones entre Pyongyang y Washington, tendrá en el diálogo nuclear uno de sus quehaceres prioritarios en los próximos meses.