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El presidente de Yemen también promete dejar el poder

Alí Abdulá Saleh dice que no se presentará a la reelección tras 33 años de Gobierno

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La caída del dictador tunecino el 14 de enero y las protestas actuales en las calles de Egipto están inspirando a otro tirano. El presidente de Yemen, Alí Abdulá Saleh, en el poder desde 1978, anunció ayer que renuncia a su reelección, prevista en 2013. 'Estoy en contra de la renovación de mi mandato, en contra de la trasmisión hereditaria del poder', dijo ante el Parlamento, convocado en una sesión extraordinaria.

Las autoridades de Saná, la capital del país más pobre de la Península Arábiga, esperan así calmar las ambiciones de la oposición, que ha convocado para hoy una gran marcha para pedir la dimisión de Saleh. Otra decisión tomada ayer por el presidente es el retraso de las elecciones legislativas, previstas para abril. 'Es una iniciativa positiva, aunque el plan de protesta sigue y será organizado y ordenado', dijo el partido islamista Islah.

Miles de personas se manifestaron el pasado 27 de enero, no sólo para pedir reformas, sino también para exigir la salida del dictador y un cambio de régimen. Túnez y Egipto son, comparado con Yemen, países ricos: más del 40% de los 23 millones de yemeníes malviven con menos de dos dólares al día. El régimen se mantiene principalmente gracias al respaldo y las ayudas financieras de EEUU, que ve en Saleh un peón en su lucha contra el yihadismo radical.

Sin embargo, Yemen también es un país donde el poder central lucha contra fuertes sentimientos tribales locales para mantener su autoridad. Los intentos de secesión del sur del país independiente hasta 1990 son numerosos, mientras en el norte opera una rebelión chií hostil al Gobierno de Saleh.

Una de las manifestantes que no ha dejado las calles de Saná desde la semana pasada es Tawakul Karmán, presidenta de la ONG Mujeres Periodistas sin Cadenas, verdadera figura pública de las protestas rosas, color elegido por la oposición para pedir de manera pacífica el cambio en su país. 'Ya es demasiado tarde para dialogar. El presidente debe irse', opina un opositor.