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La presión sobre Portugal se acentúa un día antes de su emisión de deuda

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La deuda soberana de Portugal volvió a verse hoy envuelta en una espiral alcista que elevó los intereses que penalizan sus títulos prácticamente en todos los plazos, sólo un día antes de que el país regrese al mercado para financiarse.

Los títulos lusos a dos y tres años volvieron a batir sus propios récords de la víspera, y los inversores exigían hoy una rentabilidad para comprarlos del 20,49 por ciento y del 21,78 por ciento, dos y cinco décimas más que ayer, respectivamente.

Las obligaciones a cuatro y seis años se intercambian en el mercado secundario -donde se compran y venden los títulos adquiridos en las emisiones de deuda que realizan los Estados- a un interés superior al 17 por ciento, mientras que a cinco años subían hasta el 18,22 por ciento.

También se incrementaba hoy la presión sobre la deuda portuguesa con vencimiento a diez años, utilizada habitualmente como referencia, frente al alivio que registró ayer, hasta superar de nuevo por centésimas la barrera del 13 por ciento, sobrepasado por primera vez el pasado 6 de julio.

De esta forma, la prima de riesgo lusa -es decir, la diferencia respecto a la cotización de las obligaciones alemanas a diez años- sigue por encima de los mil puntos base, ya que los títulos germanos se mantenían hoy en el 2,7 por ciento de interés.

Tras unas semanas de cierta estabilidad, con elecciones legislativas y cambio de Gobierno de por medio en Portugal, los intereses de su deuda han vuelto a desbocarse a raíz de que la agencia Moody's anunciara el pasado 5 de julio un nuevo recorte a la calificación lusa, hasta dejarla al nivel de "bono basura".

En este contexto, el Tesoro portugués tiene mañana una nueva oportunidad de comprobar la confianza de los inversores con una emisión en el mercado primario de entre 750 y 1.000 millones de euros en títulos a tres y seis meses.

Portugal continúa con sus subastas de bonos, que en este trimestre totalizarán de 4.500 a 6.750 millones de euros, para hacer frente a las necesidades financieras a corto plazo.

Sus compromisos a largo plazo están cubiertos por el rescate financiero de la UE y el FMI, que suponen una inyección de liquidez de 78.000 millones de euros durante tres años.