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Un 'pringao' que no liga, nueva esperanza del cine español

El estreno del Pagafantas, último producto nacional, inaugura un fin de semana eclipsado por la última entrega de Ice Age

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Pagafantas

Director: Borja Cobeaga

Género: Comedia

Reparto: Gorka Otxoa, Sabrina Garciarena

Duración: 80 minutos

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El mundo del cine está lleno de discusiones bizantinas del tipo: “un travelling es un acto político”, o “el cine dialogado ha muerto”. Sin embargo, es imposible hablar de Pagafantas sin referirse a uno de estos nudos godardianos: ¿hasta qué punto existe el cine para hombres y para mujeres? Pagafantas (sobrenombre que recibe el pringadete que besa el aire que pisa un amor no correspondido por el que es capaz de sufrir las mayores vejaciones) no es cine viril, como pudiera serlo una película de Vin Diesel o Jason Statham, pero sí que es cine masculino.

Toda la armazón del filme se basa en la empatía que produce en el espectador su personaje principal, un soberbio Gorka Otxoa, mecanismo que, por razones obvias que apelan a nuestros miembros genésicos, sólo funciona rudimentariamente en el sexo femenino. Regido por el melancólico mantra de Camilo Sesto “soy tu amigo, quiero ser algo más que eso”, lo vemos arrastrarse penosamente “por el amor de una mujer” (Julio Iglesias dixit), con escasas concesiones para que las féminas disfruten más allá del reconocimiento de su vena sádica y los cuatro chistes sobre suegras.

Las mujeres, por naturaleza, son sujetos pasivos, y no activos, del ‘pagafantismo’, lo que produce cierto distanciamiento de las espectadoras con la narración. Ahí reside la principal diferencia entre este filme y otras películas románticas de tonos parecidos como, por ejemplo, Los peores años de nuestra vida (Emilio Martínez Lázaro, 1994). Lo cual no es óbice para que Pagafantas sea una magnífica comedia, bien realizada y mejor interpretada (Óscar Ladoire lo borda como viejo perdedor, Sabrina Garciarena está en su punto ideal de histerismo). Más aún: es cine, no un capítulo de ‘sitcom’ televisivo alargado formal y temporalmente para la gran pantalla. Y añadimos: es cine comercial, del que tan necesitado andamos en este gremio plagado de pseudoautores con coartada intelectual que sólo son capaces de llegar hasta la periferia de su ombligo.

No es que Cobeaga no pueda hacerlo, pues no debe ser sencillo incluir en una historia como ésta homenajes a Kubrik, Eastwood o Aronofsky, es que no quiere porque, sencillamente, no toca. Respeta al espectador, que no es poco y es lo mínimo exigible a cualquier director. El filme de Cobeaga, al igual que Los cronocrímenes en otro género radicalmente distinto, de su amigo y compañero de productora Nacho Vigalondo, con el que además también comparte una nominación al Oscar por el mejor corto, supone aire fresco en el velatorio pútrido en el que se ha convertido la cinematografía nacional. Pagafantas no nos hará creer en la existencia de un ser superior, pero sí en que no está todo perdido en el cine español, algo que dudábamos seriamente tras Mentiras y gordas o Fuga de cerebros.

El director

Cobeaga es donostiarra, lo que supone un hecho diferencial importante como cualquier abertzale reconocería ‘ipso facto'. San Sebastián es la única ciudad que se sepa que ha organizado una manifestación para reivindicar ‘que se ligue más y mejor'. Con el eslogan 'Aquí no hay quien pille', en febrero del 2008 los vascos se lanzaron a la calle en demanda, no del cumplimiento del estatuto, sino del más vinculante compromiso procreativo. Tal vez por eso Pagafantas le haya quedado tan realista a Cobeaga.

 

Director: Carlos Saldanha

Género: Animación

Reparto: John Leguizamo, Chris Wedge, Simon Pegg

Duración: 94 minutos 

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En 2002, los estudios BlueSky rompieron la taquilla con la primera entrega de Ice Age, un filme de animación para toda la familia que sorprendió por los gags, casi de película muda, protagonizados por la ardilla Scrat. En 2006, la segunda parte recaudó 651 millones de dólares. La gallina daba huevos de oro y por eso la Fox insiste de nuevo con una tercera entrega en la que las premisas permanecen intactas.

En lugar de deshielo, la historia se desarrolla en un mundo perdido en el que aún existen los dinosaurios. Uno podría quedarse con la mosca detrás de la oreja, pero la cinta convence cuando se transforma en una película clásica de aventuras. Su gran baza es un nuevo personaje, Buck, una comadreja zumbada con parche en el ojo a medio camino entre el capitán Ahab, Jack Sparrow y el coronel Kurtz. La franquicia se repite con buen gusto pero, si en la mente de los productores está un Ice Age 4, harían bien en pensárselo dos veces.

Guerra de estudios

Si Ice Age es, hasta el momento, la mejor baza de BlueSky, hacen bien en sacar tajada. Dreamworks y Pixar también se han especializado en explotar sus minas de oro. La primera prepara Shrek Goes Fourth, Kung Gu Panda 2 y Madagascar 3. Pixar, un nuevo Toy Story y Cars 2. Tras esta cinta, BlueSky cambiará de registro con Río, la historia de un guacamayo que abandona la jaula que habitaba en una pequeña localidad de Minnesota para volar hasta Río de Janeiro.

 

Director: Jojiro Takita

Género: Tragicomedia

Reparto: Ryoko Hirosue y Masahiro Motoki

Duración: 135 minutos

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En ocasiones, el cine también ve muertos, y se convierte en un arte, siguiendo a André Bazin, mortuorio al cuadrado. Un arte que embalsama personas por partida doble cuando, aunque sea de manera figurada, filma la muerte y sus cadáveres. La película japonesa Despedidas, distribuida bajo el subtítulo de ganadora del Oscar a mejor película de habla no inglesa (resulta inevitable pensar en aquellas pegatinas de Anunciado en TV), cuenta la historia de un chelista fracasado que regresa con su esposa a su ciudad natal ante la evidencia de que su talento es vulgar y pobre. Para no morir de hambre, el hombre acepta el primer trabajo que se le presenta: embalsamador de muertos, según una vieja tradición japonesa, en uno de esos oficios que todo el mundo reclama pero nadie quiere ejercer ni en pintura. La crisis que el trabajo produce en el joven matrimonio desata el conflicto entre la belleza del trabajo bien hecho y el siempre influyente qué dirán.

Exotismos

Reconozcámoslo: lo exótico nos encanta... si viene rediseñado para encajar sin estridencias en nuestro entorno Ikea de consumo cultural: muebles de inspiración balinesa, máscaras africanas y películas japonesas. Despedidas contiene todos los elementos para emocionar por igual a los amantes de oriente y al público más sentimental: una bonita historia de superación personal y autoafirmación, una reconciliación paternofilial por encima de las barreras de la muerte y medidas dosis de humor.

 

Director: Dennis Iliadis

Género: Terror

Reparto: Tony Goldwyn, Monica Potter

Duración: 110 minutos

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La nueva revisión de uno de los títulos clave del cine de terror de los años setenta, La última casa a la izquierda, difícilmente podría repetir el impacto que provocó el seminal filme de Wes Craven, cuando en 1972 inundó de terror bruto que enterraba cualquier atisbo de inocencia las pantallas de medio mundo. El griego Dennis Illiadis ha pulido la película de los aspectos más delirantes (exceptuando la ambigua coda final) del original, ha suavizado la historia para que resultara más digestiva para el nuevo público adolescente e incluso ha caído en alguna de las trampas moralistas del ‘slasher' de los años ochenta. Pero al mismo tiempo Illiadis controla en todo momento las riendas del filme y no se escapa por los caminos más fáciles del cine de terror. En lugar de apoyarse en el shock fácil, La última casa a la izquierda consigue transmitir un sentimiento de desazón que va más allá del simple impacto de algunas escenas innegablemente brutales.

La huella de Bergman

Cuando Wes Craven afirmó que su primera película, La última casa a la izquierda (1972), uno de los títulos que sentó las bases del ‘gore', se inspiraba en El manantial de la doncella de Bergman no estaba incurriendo en ninguna ‘boutade'. Más allá de la coincidencia argumental, la película de Craven, como la del maestro sueco, mostraba cómo ciudadanos de ética supuestamente intachable eran capaces de ejercer una violencia no menos salvaje que la de los criminales que los atacaban.

 

Director: Kornél Mundruczó

Género: Drama

Reparto: Félix Lajkó, Orsi Tóth, Lili Monori, Sándor Gàspàr

Duración: 98 minutos

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El silencio es un arma de doble filo. Convierte una película o en una obra maestra o un esfuerzo insuperable para cualquier espectador. El húngaro Kornél Mundruczó osa: utiliza, abusa, transforma, se hace con el silencio. Cuando Mihail regresa a su casa, a orillas del Danubio, nadie le espera. Nadie tiene nada que decirle. Él tampoco. Mihail se encierra en el silencio, como si fuera su única arma para sobrevivir en una sociedad dividida entre lo urbano y lo rural, entre el futuro y el pasado, condenada a la pobreza. El director elige una tierra de nadie, en el medio del Danubio, donde Mihail se aisla con su hermana, para dejar hablar los sentimientos. Decir que Delta es un filme poético conlleva el peligro de entenderla como un largo y aburrido ejercicio audiovisual. Mundruczó se lo merece: osó jugar con el silencio. La fotografía es preciosa y los personajes consiguen hablar sin diálogos. Pero Delta no es una obra maestra.

El cine del este

Desde que el cine rumano se convirtió en el supuesto portavoz del Cine del Este, especialista en tragicomedias inspiradas de los desaparecidos regímenes comunistas, resulta difícil calificar el trabajo de Kornél Mundruczó. Su primer largometraje, Johanna, adaptación moderna de la vida de Juana de Arco, despertó las risas de muchos críticos de cine. Por sus disparates técnicos y de guión. Delta supone el regreso del húngaro a la desilusión como punto de reflexión.