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De la promesa de cambio al 'centro-centro' político

Los nombramientos decepcionan a los demócratas más progresistas

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Durante toda la campaña electoral, Barack Obama acusó a su rival republicano, John McCain, de querer perpetuar las presidencias de George Bush. A la vista de sus recientes nombramientos , sectores de la izquierda demócrata critican ahora al futuro mandatario por imponer un tercer mandato de Bill Clinton y se preguntan qué ha pasado con el cambio tantas veces prometido.

Y tienen argumentos. Empezando por su jefe de gabinete, Rahm Emanuel, muchos de los responsables que formarán parte del nuevo Gobierno ya trabajaron, a distintos niveles, para el último presidente demócrata: Lawrence Summer, jefe de su equipo económico, fue secretario del Tesoro; Bill Richardson, que debería asumir la Secretaría de Comercio, ocupó la cartera de Energía hace diez años; Susan Rice, la futura embajadora en la ONU, se encargaba de los asuntos africanos con Madeleine Albright, y Paul Volcker, ex jefe de la Reserva Federal con Carter y Reagan, tiene 81 años. Y, por supuesto, está Hillary.

“Esto es una bofetada para todos los que abogamos por el cambio”, decía lunes airado un bloguero del Daily Kos, la página web de referencia para los fieles más progresistas de Obama. “El camaleón ha pasado de retirar las tropas cuanto antes a lo que le diga Gate, y de criticar a Clinton por ser demasiado Washington a nombrarla secretaria”, añade.

“Se está desplazando del centro-izquierda al centro-centro. Sería justo llamarle pragmático”, dice Paul Light, politólogo de la New York University. “Creo que sus simpatizantes progresistas van a avanzar en algunas cosas, pero no en todas”, continúa.

La semana pasada, Obama contestó a estas críticas asegurando que los tiempos de crisis pedían, además de “un pensamiento fresco”, “experiencia” en Washington para atacar cuanto antes los tremendos problemas a los que deberán enfrentarse. Pero “quiero dejar claro”, dijo, “que la visión del cambio vendrá de una persona: de mí”.

 

Y añadió: “Creo que el pueblo estadounidense estaría muy inquieto si eligiera a un secretario del Tesoro o un asesor económico, en los tiempos más críticos de nuestra historia, que no tuviera ninguna experiencia en el Gobierno”.