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PSC y CiU hablan ahora de pactar la Ley Electoral

Montilla y Mas buscan un arma contra el distanciamiento de los ciudadanos

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El juego subterráneo entre el PSC y CiU a raíz de los casos Pretoria y Millet no impide que formalmente exhiban un compromiso con la transparencia y la regeneración democrática y anticorrupción. Fue una buena muestra la sesión de control en el Parlament, que giró en torno a la Ley Electoral catalana que el Estatut prevé y que necesita el consenso de ambos partidos. Consideran que aprobarla acercará la política a los ciudadanos revisando la proporcionalidad y asegurando el arraigo territorial de los diputados.

Artur Mas se mostró abierto a pactarla con el tripartito, al igual que pasa con el resto de medidas del Govern contra la corrupción. Lo hizo horas después que José Montilla pidiera al PSC implicarse 'a fondo' para que prospere la Ley Electoral, que se tramitará en ponencia a partir del 20 de noviembre.

Hace meses que el conseller de Gobernación, Jordi Ausàs, de ERC, puso sin mucha fe en manos de los grupos un informe de expertos sobre la norma dada la imposibilidad de consensuarla en el Govern. Su escenario ideal es vincularla a la mutación de las cuatro diputaciones en siete veguerías, que serían las circunscripciones.

ERC y CiU pretenden que la Ley preserve la ponderación territorial, mientras que el PSC e ICV priorizan la proporcionalidad. Hay acuerdo genérico por una doble lista (una territorial y abierta y otra nacional), pero no en el reparto de escaños que se derivaría.

Mas y Montilla tuvieron incluso una charla en los pasillos pese que nadie apuesta a que la Ley prospere a menos de un año de las elecciones. PSC y CiU velan armas para cargarse mutuamente el muerto del previsible fracaso mientras, en público, piden aprovechar la coyuntura.

Una coyuntura que ha permitido que la Oficina Antifraude, que contaba con reparos de PSC y CiU, vea aprobado su reglamento sin problema. Y es que propuestas de ERC e ICV como la Oficina o el control de las plusvalías urbanísticas, antaño condenadas a ser asuntos siempre pendientes, ahora salen adelante sin problemas.