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El PSOE sufre la zozobra de la crisis al cumplirse un año de su 37 Congreso

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Un año después de su 37 Congreso Federal, el año en el que ha arreciado la crisis económica y financiera, el PSOE ha empezado a pagar las primeras facturas en forma de soledad parlamentaria y de dos derrotas electorales -en Galicia y en la UE-, aunque ha cosechado un reto que califica de histórico: País Vasco.

Los socialistas y su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, afrontaron hace ahora un año su 37 Congreso Federal en un escenario muy cómodo, cuatro meses después de ganar de nuevo las elecciones generales y con los ánimos rayando en la euforia.

Tras los comicios autonómicos de marzo pasado, el PSOE consiguió gobernar en el País Vasco de la mano de Patxi López, pero fue desalojado del poder en Galicia, preludio de lo que luego serían las elecciones europeas, que ganó el PP por 500.000 votos de diferencia.

Con la crisis económica transformándose en recesión, los socialistas iban perdiendo popularidad, según diversas encuestas, aunque tras el debate sobre el estado de la nación llegaron a fantasear con un vuelco electoral.

Por eso, el jarro de agua fría que supuso el desenlace en la noche del 7 de junio -el primer fracaso electoral de ámbito nacional de la "era Zapatero"- pilló a algunos con el pie cambiado, hasta el punto de que comenzaron a surgir dudas sobre la gestión de Leire Pajín al frente del diseño y la organización de la campaña.

No obstante, y tras la derrota, el PSOE se ha apresurado a poner paños calientes sobre la herida, consciente de que el cainismo interno sólo serviría para dar más alas a su principal adversario político.

Su bálsamo final ha sido el voto exterior, donde han duplicado los sufragios del PP, lo que les permitirá conseguir 23 escaños, frente a los 24 del partido de Mariano Rajoy cuando el Tratado de Lisboa entre en vigor.

El Congreso Federal de hace un año encumbró a Leire Pajín a la secretaría de Organización del PSOE con sólo 32 años, un puesto que dejaba vacante José Blanco, que vio acrecentado su poder con la creación de la vicesecretaría general del partido.

Ocho meses después, Blanco llegó al Gobierno como ministro de Fomento, en lo que ha sido calificado como "un desembarco" del Partido en La Moncloa.

Junto a él, el presidente del partido, Manuel Chaves, que recalaba en la Vicepresidencia Tercera para hacerse cargo de la política territorial del Ejecutivo y abandonaba la Junta de Andalucía después de 19 años.

Con su marcha se echaba el cierre definitivo a la etapa de los "barones", que los socialistas ya casi habían finiquitado en los meses anteriores, durante la celebración de los congresos regionales del PSOE.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra, por ejemplo, pasó el testigo a Guillermo Fernández Vara; Tomás Gómez se vio ratificado en Madrid, y Jorge Alarte se hizo cargo de la Comunidad Valenciana.

La Comunidad Valenciana y Madrid son dos territorios que los socialistas anhelan reconquistar y ya han puesto en marcha mecanismos para intentar abrirse hueco en un panorama que se dibuja cada vez más "popular", sobre todo después del resultado de las europeas.

Ello sin escatimar esfuerzos en sus "caladeros" tradicionales de votos, como Andalucía, donde en los comicios europeos el PP ha recortado notablemente las distancias.

No estaba en la ponencia programática, pero la reforma de la ley del aborto fue una de las estrellas del cónclave socialista de julio y un arma arrojadiza entre los dos principales partidos durante esta última campaña para las europeas, después de que el Gobierno aprobara unos días antes un polémico anteproyecto de ley.

Ha sido un año en el que también se ha puesto en evidencia la "soledad" parlamentaria del grupo socialista, arrastrado en ocasiones a descafeinar sus pretensiones para que no sean rechazadas en el Congreso o a dar su apoyo a propuestas que, en circunstancias más propicias, hubieran considerado prácticamente inasumibles.

Eva Santos y Arantxa Bernarte.