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Se publica en España la novela de Grossman "Vida y destino"

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De acontecimiento cultural, y de 'monumento de ficción', fue calificada hoy la publicación en España de la edición íntegra de la novela 'Vida y destino', del escritor ruso Vasili Grossman, una reflexión sobre el totalitarismo que prueba que 'la gran novela está siempre comprometida con la vida'.

De ese compromiso vital habló hoy el escritor Luis Mateo Díez al presentar esta novela, publicada por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, en un acto en el que el novelista Antonio Muñoz Molina defendió la necesidad de 'ser militantes' de este 'libro excepcional', y el ensayista Xavier Antich aseguró que es 'la gran novela del sufrimiento humano' del siglo XX.

Grossman (Berdíchev, 1905-Moscú, 1964) cubrió como periodista la batalla de Stalingrado y fue el primero en dar la noticia de los campos de exterminio nazis. Autor de novelas y relatos, no llegó a ver publicada 'Vida y destino', su obra cumbre, que fue prohibida por el régimen de Jruschov.

La temida KGB confiscó los borradores e incluso la cinta de la máquina de escribir que había utilizado el autor. No debía quedar ni rastro de unas páginas -más de 1.000- que 'combinan el horror absoluto del exterminio nazi con el del estalinismo ruso', destacó Antich.

En los años ochenta se recuperó una copia del manuscrito y la novela se publicó fuera de la antigua Unión Soviética. En España vio la luz una edición traducida del francés, y no directamente del ruso como la que llega ahora a las librerías, gracias al trabajo de Marta Rebón, que asistió también a la presentación junto con el editor Joan Tarrida.

La novela tuvo una enorme repercusión en Europa, pero pasó sin pena ni gloria en España, donde, como dijo Muñoz Molina, se produce una 'posición paradójica, porque en la cultura literaria española este libro es como un Everest que casi nadie ha visto'.

¿Y por qué? La propia experiencia de Muñoz Molina sirve para comprender los motivos: él recibió el libro hacia 1985, lo tuvo en su casa y no lo leyó, reconocía hoy con total sinceridad, a pesar de que 'es como si tienes delante 'Las Meninas' y nos las miras'.

La novela no tuvo la resonancia debida en España 'por una razón ideológica: no había voluntad de que ese libro fuera leído, porque en los medios culturales españoles no había debates sobre el totalitarismo', afirmó el autor de 'Sefarad', una novela donde precisamente sí se reflexiona sobre esa cuestión.

Muñoz Molina, académico de la Lengua, atribuyó esa ausencia a 'un profundo provincianismo intelectual y cultural, porque parecía que esos debates no tenían que ver con nosotros, ni el del totalitarismo, aunque habíamos vivido en una dictadura, ni el del holocausto, porque si hablábamos de esas cosas corríamos el peligro de que se nos llamara sionistas'.

'Un difuso estalinismo cultural ha influido profundamente en lo que hemos leído y en los temas sobre los que hemos reflexionado. Eso tiene que hacernos pensar', aseguró Muñoz Molina, quien descubrió el libro de Grossman el año pasado, en Nueva York. La leyó y comprobó que 'no hay una novela como ésta': ayuda a restablecer 'el pacto de la literatura con el mundo'.

Grossman, prosiguió el autor de 'Plenilunio', establece en su libro un diálogo con Tolstoi, al concebir la novela 'como un mecanismo que abarca el mundo entero'; con Dostoievski, al reflejar el sentimiento de culpa, y con Chéjov, por la importancia que se le da 'al espacio concreto de lo humano, antitotalitario por definición'.

Mateo Díez debe ser de los pocos españoles que sí leyó la novela a mediados de los ochenta, gracias al consejo de un amigo. 'Es de los libros que más me han perturbado y conmovido, y que más han contribuido a mi formación como autor', aseguró hoy el escritor y académico leonés.

El autor de 'La ruina del cielo' subrayó que la vida del propio Grossman es inseparable de su novela, que está escrita por alguien cuyo destino 'está atado al siglo XX' y ha sido 'arrasado por el vértigo de la Historia'.

'Es una novela enormemente comprometida' desde el punto de vista político, y en ella hay 'fragmentos estremecedores' de las terribles experiencias que se vivieron en los campos de concentración, y de 'la identidad totalitaria compartida', agregó Mateo Díez.