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"Nunca puedes denunciar lo que te ha pasado"

Dos adolescentes relatan los abusos que sufrieron en varios reformatorios

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Por una pelea callejera con agresiones, Óscar y Keco terminaron internados en sendos reformatorios de Madrid, los centros donde van a parar los menores infractores (distintos a los centros de acogida del informe del Defensor del Pueblo). Óscar estuvo durante un año en Rosales y luego, en El Pinar I. Keco, una chica de 19 años, en Puerta Bonita y luego, en El Madroño.

Ambos ya están fuera, aunque Óscar, también de 19 años, tiene libertad vigilada. Y los dos denuncian lo mismo de su estancia en los reformatorios. 'Se cometen abusos, las contenciones (reducir a un interno que supuestamente ha sido violento) son muy agresivas, la medicación se lleva sin control, te castigan por cualquier cosa', afirman los dos jóvenes.

Óscar cuenta que en el reformatorio de Rosales había chicos con problemas mentales que estaban ahí en vez de un hospital psiquiátrico. Keco señala que ante cualquier problema los responsables de su reformatorio enseguida le ofrecían antidepresivos. Y siempre estaban presentes las amenazas si no se comportaban bien. 'Al llegar al reformatorio, te cachean desnudo, te tienes que dar una ducha de agua fría y te encierran en tu habitación', denuncia Óscar. 'Te hacen correr en un campo. Si hablas con el compañero, te mandan 20 flexiones. Si protestas, entonces haces 40. Y todo así, sin fin', agrega.

Hay más castigos. Keco, que no pesa más de 50 kilos, estuvo un verano cargando sacos y, por otra pelea con otra interna, se tuvo que levantar a correr durante varios días a las seis de la mañana.

Cuando recibían visitas de sus padres, el educador siempre estaba presente. 'Y también al hablar por teléfono con tus familiares, los responsables del centro ponían el manos libres para controlarte la conversación', asegura Keco. Eso hace, según ellos, que sea prácticamente imposible denunciar ante sus familias si han sido víctimas de una agresión.

Aunque lo peor de los reformatorios coincide con lo peor de los centros de acogida: el aislamiento. Si un menor se porta mal, puede pasarse días encerrado en una habitación. Óscar y Keco lo estuvieron en distintas ocasiones y durante varios días con la única compañía de un libro. 'Te aislan a la mínima', afirman. 'Una vez discutí con un compañero de celda, fue una discusión normal, sin pelea, y me metieron en la celda de aislamiento', explica Óscar. Allí, hay un váter y un catre de metal con un colchón. 'Pero no te puedes dormir de día porque entonces un vigilante te abre la puerta y te quita el colchón hasta la noche', aseguran.

Las reducciones son, además, muy violentas. Las suelen hacer los técnicos de seguridad. 'Cuando te agarran te retuercen los brazos', señala Óscar. Keco no se puede olvidar de una escena en la que una guardia de seguridad redujo a una de sus compañeras. 'La golpeó la cara contra el suelo varias veces', afirma.

La semana pasada, un adolescentes que está internado en el Pinar I sufrió heridas de distinta consideración porque fue reducido en el suelo por un empleado, según denunciaron a este periódico varios educadores sociales. En cambio, la Consejería de Interior afirmó que el chaval, que tuvo que ser trasladado a un centro hospitalario, se había hecho las heridas en una pelea contra otro menor.