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"Yo fui un punki de aldea"

Ministro progresivo. Primero soñó con ser Sandokan. Luego fue pasota en una banda de rock. Ahora tiene la cartera de Justicia y un velero 

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Cuentan que hubo una época en la que almejas, nécoras y navajas crecían en las playas gallegas como frutas saladas que brotan en la arena. Con la varilla retorcida de un paraguas, los críos husmeaban como sabuesos por la misma orilla que les servía de campo de fútbol una vez el mar se retiraba, buscando longueirones para ayudar a hacer una empanada en casa. Así al menos ocurría en Cée, pueblecito de la Costa da Morte donde Francisco Caamaño (1963) nació y creció creyéndose Sandokan: con sus amigos, hundían los botes de los pescadores del pueblo de al lado (Corcubión) quitando el tapón por el que se desaguan. Era la vida del puerto en un pueblo abierto al mar. 'Es la tradición de los mercantes que llegaban cargados de carbón, cuarzo, cajetillas de tabaco, botellas de whisky, el aroma del café, que casi no había, los levis, las primeras palabras en inglés', recuerda Caamaño hoy en su despacho de ministro, como si pudiera oler todas aquellas cosas con solo levantar la nariz.

Con semejante imaginario, alimentado por todos los bararojas y barbazules, no es de extrañar que Caamaño, que hoy tiene barco propio además de la cartera de Justicia, soñara con ser capitán de su nave. 'Era la España de las cosas novedosas de los 60-70, que yo viví entonces como un mundo distinto, diferente, cosmopolita y abierto, un mundo que entronca con esa parte de la costa de España y Galicia que vivía de provocar naufragios durante los siglos XVII, XVIII y XIX. En la Ría de Corcubión llegó a haber veintitantos consulados', dice para traer al presente un pasado fabuloso de telas y vajillas.

«Tengo algunas cosas escritas en un cajón de mi escritorio»

Hoy, decíamos, Caamaño es capitán y dueño de un velero al que bautizó como Asixo en homenaje a la banda de rock que tenía con sus amigos. '¿Qué música hacíamos? Yo lo llamaría punki de aldea. Pretendíamos ser una mala imitación de Siniestro Total', zanja. Era en otra España, inmediatamente posterior a la de su infancia, 'la España de los pasotas, la de los pelos largos y tal, porque la Movida era en Madrid'. Asixo viene de asexar, que es como 'mirar a escondidas, tiene algo de voyeur', pero escrito con esa licencia ortográfica que se toman los grupos para enfrentarse a lo establecido: 'Así sonaba más jevi y moderno', confirma. Caamaño enumera los instrumentos con los que contaban en su banda. De batería, unos tambores de Dixán de cinco kilos. Guitarras eléctricas hechas por ellos mismos a partir de madera de pino 'cortada con la forma de una Fender Stratocaster y pastillas hechas con un electroimán'. Y el altavoz de un viejo tocadiscos. ¿Letra? Al loro: 'Sociedad, cochina sociedad / Me dais asco, me dais pena / porque sois unos locos de atar', traduce Caamaño desde el gallego. Dos de aquellos amigos, por cierto, viven hoy profesionalmente de la música.

Algo menos pasota, Caamaño dejó aquello y se fue a estudiar Derecho a Santiago, en gran medida debido a la 'intensa vocación de nuestros padres por que fuéramos universitarios. Realmente quería hacer periodismo. Siempre me ha gustado escribir, contar historias', relata, aunque eso habría supuesto irse a Madrid, 'y me parecía demasiada aventura'. La 'vocación de contar, escribir relatos, poemas' no le ha dejado en este tiempo: en un cajón de algún escritorio duermen algunos manuscritos que apenas han visto la luz del sol. 'Bueno... tengo escritos... como todo lector', se justifica Caamaño. 'Algunas cosas son conocidas; intercambio impresiones con escritores y poetas. Los que tenemos que escribir por trabajo, desde profesores a periodistas, nos gusta cuidar el idioma, nos preocupamos por ser pedagógicos, incorporar técnicas de otros...'.

Debido al 'poco recomendable hábito de estudiar de noche' que cogió en la universidad, hoy Caamaño sufre de insomnio. Por eso, y porque lee hasta las tantas. Con la familia en Galicia y de rodríguez permanente en Madrid, ha retomado la poesía para quitarle hierro a las lecturas de informes y expedientes. Este verano volará al lado de su mujer e hijas, 'en clase turista, porque no tiene sentido lo contrario para un vuelo de 50 minutos', y saldrá en barco. Curioso: siendo gallego ('tenemos una especie brújula en el corazón que siempre apunta al Atlántico, una Atlántida por conquistar') su viaje ideal es por el Mediterráneo: 'Recorrer la historia de su cultura y sus países, dejar el barco en un puerto y seguir con la travesía meses después'.