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"Quería arreglarme los dientes, pero era muy caro"

Una familia de La Mina se lleva 140.000 euros gracias a cuatro décimos de un cuarto y un tercer premio

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Si es difícil que a uno le toque la lotería, lo de Encarni es el no va más. Este martes abandonó entre lágrimas de alegría su puesto de limpiadora en El Periódico de Catalunya cuando su hija Inma la llamó para decirle que les había tocado un cuarto premio del que tenían un décimo cada una. 20.000 euros por papeleta, 40.000 para las dos. Un cuarto de hora después, Encarni no se podía creer que le había vuelto a tocar la lotería: esta vez había sido el tercer premio, del que tenía otro par de décimos con su hija: 50.000 euros por cada billete; 100.000 para las dos. Resultado de la mañana: 140.000 euros.

A Encarni le tira el número 13: '¿A nadie le gusta? Pues a mí sí', dice mientras besa un colgante dorado con una herradura con ese número dentro. Es su amuleto. 'Fuimos a la Valdés a comprar, como cada año y, como no tenían acabado en 13, encargamos un par de décimos que llegaron desde Murcia del 11.313. Y a mi hijo le gustó el 10.104 y también nos lo llevamos'. Mucho dinero... 'Y muchos nervios, toda la mañana que no sé dónde estoy', comenta, dando tragos de una lata de Coca-cola Zero. Para ella, el escenario de su trabajo ha cambiado. Se ha convertido en la protagonista.

Y cuenta lo que lleva toda la mañana contando, desde que celebró con sus colegas el premio. 'Trae cava, ya verás cómo cantamos', dice, eufórica. 'Los primero será ayudar a mis hijos, que tengo a uno en el paro. Y mi marido y yo queríamos arreglarnos los dientes, pero era muy caro'. ¿Y los números? 'Guardaícos los tengo, los números', dice, en la entrada de la redacción del diario, donde espera a su familia.

En cuestión de minutos aparecen Inma y otra de sus hijas, un hijo, un yerno y una nieta, directamente de La Mina, el barrio de Sant Adrià en el que viven. ¿Y su marido? '¡No sabe nada! Venancio no se ha llevado el móvil y está en la obra, en Sants'.

Los propósitos de la familia son los mismos: desde los de Encarni, la abuela (45 años), hasta los de Judith, la nieta (9 años). La pequeña no acaba de entenderlo todo: 'No he pensado lo que quiero... Bueno, un piso para mi madre', dice. Su tía, Nerea (11 años), explica que querían arreglar el piso y que ahora a lo mejor se compran uno nuevo. 'Yo duermo con mi sobrina y con mi hermano, y es un rollo', se queja, con una sonrisa de oreja a oreja.

'A los Reyes ya les he pedido un MP5, que es así, como un cubo. Lo que voy a hacer es irme de colonias con el colegio, que me hace mucha ilusión'. Enrique, a quien se le acaba de terminar un contrato en una fábrica de cristal y hasta febrero no lo vuelven a llamar, lo está ahogando la hipoteca: 'Yo sólo pienso en ahorrar para poder bajar la hipoteca, pero la que cuenta es mi madre...'

'Son una familia que se lo merece un montón. Llevan toda la vida trabajando, tienen muchas bocas que alimentar'. El que habla es Omar, la pareja de Inma, que destaca la bondad de la familia: 'Ayer mismo hablaban de cómo podían ayudar a su hijo en paro, que ya había dicho que no les podría pedir nada a los Reyes para las niñas...'

La familia Álvarez Díaz sabe que el dinero no hace la felicidad, pero si en algo coinciden todos es el principal propósito a partir de ahora: 'Ser felices'.