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Raúl da el primer paso para finalizar el debate que divide España

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Raúl González no aguantaba ni un día más el debate que ha dividido a la España futbolística. El capitán del Real Madrid ha zanjado su distanciamiento con Luis Aragonés por el bien de la selección y la Federación. Apela a la unión mientras lucha en el campo por acudir a la Eurocopa.

La gota que colmó el vaso se produjo el pasado 5 febrero. La selección española llegó a la estación de Málaga con 300 aficionados coreando el nombre de Raúl, ataviados con camisetas del 7 blanco. El entorno de Luis Aragonés sospechó de una mano negra.

Desde hace tres meses, Raúl deseaba un encuentro con Aragonés. A la espera de la clasificación de España para la Eurocopa, esperaba el momento oportuno. Hacía falta mirar a los ojos del seleccionador para demostrar su pasión por España, hacer que se respetase su lucha en el campo por ganarse acudir a una cita con la que sueña, y aclarar que nunca ha apoyado ninguna campaña que hiciese daño a Aragonés.

Raúl ha puesto fin a las especulaciones. Hace una semana llegó al seleccionador a través de su representante, Ginés Carvajal, con previo paso por la Federación Española de Fútbol. Hoy, sorprendía a todos por su rápida salida de los vestuarios de la ciudad deportiva de Valdebebas.

El capitán blanco, siempre el primero en llegar y el último en marcharse a diario, fue el segundo de la plantilla en irse. Con rapidez. Se dirigía a Las Rozas, a la casa de la Federación, a una cita importante con Luis Aragonés.

Cansado de mentiras y debates, el deseo de Raúl era hacer público que sus diferencias con el seleccionador son deportivas. Detrás no hay ninguna fuerte discusión que colee del pasado Mundial. La situación se ha ido tensando desde el 6 de septiembre de 2006, el último día que el máximo goleador en la historia de la selección jugó con la roja ante Irlanda del Norte. Necesitaba paz.

El gesto de Raúl es para aliviar tensiones antes de una cita importante. Desea poner punto final a las especulaciones por el bien de España, para evitar la fractura que ya se vivió con la selección que dirigió Javier Clemente.

El capitán dejó de lado el ego que acompaña al futbolista, se olvidó de todos sus títulos ganados, y decidió apostar por la humildad para apoyar públicamente al seleccionador, acercar posturas y finalizar una guerra. A su currículum le falta un éxito con su selección y está convencido de no haber dicho su última palabra.