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La realidad que enmascara el debate sobre la Ley del Menor

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De nuevo, la opinión pública se siente sobresaltada por una de esas noticias que conmueven, por su dureza, y porque sus protagonistas son niños. Viene a ocurrir en cada legislatura, y en cada una de ellas, la sociedad y sus medios, piden la correspondiente modificación de la Ley de Responsabilidad Penal de los Menores, para aumentar la intensidad de la respuesta penal. También, los protagonistas son mas jóvenes, más niños, y también se pide una extensión de la solución penal a edades mas tempranas.

En ocasiones miramos los hechos sin ver las causas, y pretendemos poner soluciones penales a los hechos sin pensar cómo es posible que niños de 12 o 13 años lleguen a cometer actos atroces a otros niños de su misma edad.

El tratamiento que de modo superficial se apresuran a ofrecer políticos que pretenden arañar votos de la emoción y de la indignación, y que trasmiten los medios, enmascara algunas realidades, impide entender el problema que subyace en las conductas y mueve a error al hacer pensar a los ciudadanos que la solución se encuentra en el derecho penal, desconociendo que ya con las leyes actuales cabe una intervención con menores de 14 años, inmediata y visible, ante hechos como el cometido.

Pero, sobre todo, enmascara realidades sociales que afectan a los chicos y que contribuyen a su forma de actuar, como es el estado del sistema educativo, el tratamiento que en materia de salud mental infantil y juvenil o trastornos de personalidad y comportamiento ofrece el sistema público, la evolución del modelo familiar y los mensajes de valores de banalización de valores, que trasmiten los medios de comunicación, y sobre todo la televisión, y ante los que la familia puede estar en difícil situación para defenderse.

Impide entender que en ese mundo en el que, a veces, viven los chicos, germinan comportamientos de desprecio a los derechos y a los sentimientos y al dolor de los demás.

Lleva a los ciudadanos de bien a pensar que la solución a esos problemas está en el código penal, de modo que aumentando las penas y bajando la edad penal solucionamos los problemas.

Y, sin embargo, por este camino es dudoso que resolvamos nada. Otra vía es hacer un esfuerzo solidario de apoyo a las víctimas para superar su dolor y que este no se enquiste en sus sentimientos. También debería hacerse otro gran esfuerzo para intentar comprender y reparar, con políticas de igualdad, las situaciones que colocan a los menores en riesgo de ver comprometida su vida y que les llevan a comprometer las de otros niños, respetando los valores de la Constitución recogidos en su artículo 25.2, y los compromisos internacionales en materia de menores suscritos por España.