Publicado: 23.03.2014 08:00 |Actualizado: 23.03.2014 08:00

El realismo de un joven triatleta

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"El deporte está muy bien". La declaración pertenece al nuevo príncipe del triatlón español, Mario Mola (Mallorca, 1990), que hoy está a 20.000 kilómetros de su casa, en Nueva Zelanda, donde este domingo espera repetir el triunfo que acaba de lograr en Mooloolaba (Australia) en la primera prueba de la Copa del Mundo. La vida le va bien. Pero ni siquiera tanto éxito reduce sus aspiraciones como universitario en Administración y Dirección de Empresas (ADE). "Durante unos años, el triatlón me va a permitir vivir más o menos bien, pero cuando se acabe nadie se va a acordar de mí. Necesitaré tener algo a lo que agarrarme".

Así que Mario Mola representa un perfil distinto, absolutamente realista, en un país en el que toda una plata olímpica como Javier Gómez Noya reconoce que un caso como el de Mario es excepcional. "En España hemos perdido muchos potenciales campeones, porque al llegar a la Universidad se han visto obligados a decidir entre estudios y deporte de elite". Sin embargo, ese nunca será el caso de Mario Mola que en septiembre de 2009, cuando se proclamó campeón del mundo junior en Gold Coast (Australia), se afilió a una idea innegociable: la universidad no iba a acabarse en su vida.

"Me di cuenta de que podía luchar para que el deporte fuese mi vida, porque en la elite todo el mundo vive para entrenar y si tu no lo haces no tienes nada que rascar; pero tampoco quería que el deporte me cerrase puertas", explica Mario Mola que, cinco años después, no ha podido continuar con la carrera de Ingeniería de Caminos que estudiaba entonces. "Después de un año en la universidad, vi que era imposible seguir con todo". Pero eso implicó que aparcase los libros de texto. "Me pasé a Obras Públicas. Llevaba dos años cuando me ofrecieron venir a Madrid y no lo dudé.

Entonces tenía varios amigos deportistas estudiando en la UOC (Universidad OBerta de Catalunya) y sentía envidia de su situación. Ellos sí podían compaginar la universidad con las competiciones y decidí matricularme en ADE (Administración y Dirección de Empresas)". Y la realidad es que, pese a su crónica viajera, a sus constantes competiciones por medio mundo (hoy, Nueva Zelanda; ayer, Pekín; anteayer, Hamburgo...) no le va mal. Ni siquiera en los aeropuertos se despega del ordenador, que es como su aula. "Creo que ha sido básica la entrada de la evaluación continua gracias al Plan Bolonia. Si no puedes seguir las clases, tienes la opción de ir directamente al examen, y así no pierdes un año completo".

Nacido el 23-F de hace 23 años, Mario Mola ya ha sido olímpico en los Juegos de Londres 2012, como 19º clasificado, pero ahora las perspectivas suenan mucho más fuertes. Oposita como principal sucesor para Javier Gómez Noya y él mismo intuye la maravillosa medalla olímpica en el horizonte. "Hay que pensar que el podio es algo que se puede conseguir en los Juegos de Río". En el catalogo de su vida figura siempre el deporte desde que siendo un niño empezó a nadar y vio que necesitaba algo más. "En la natación todo lo que ves es el fondo de la piscina".

Buscó otras motivaciones y las encontró corriendo como campeón de España junior de cross o de 5.000 metros hasta que apareció el triatlón en su vida con una fuerza descomunal. Aun así, tampoco dejó los libros y si se trasladó a Barcelona fue "para estudiar en la Universidad, no para competir" hasta que su vida cambió en aquel Mundial junior de Australia.

La universidad pudo perder a un futuro licenciado, pero Mario Mola no lo consintió. "Woody Allen no debió equivocarse cuando decía que la única manera de ser feliz es que te guste sufrir". Por eso ha aceptado el precio de compatibilizar estas dos cosas que hasta Gómez Noya juzga casi incompatibles, los estudios con un deporte tan esclavo como el triatlón, en el que Mario ha descubierto la clave del éxito. "Tienes que entrenar como compites".

A su vez, eso le exige una visión muy realista de la vida: "Cuando estoy en la residencia Blume me daba cuenta de que estaba como en un convento. Vivo para entrenar, comer y descansar, pero es que no queda otro remedio". La fortuna es que en su caso hay una segunda vía, los estudios, que son los que también le ayudan a situarse en la realidad, incluso, en días tan felices como los de hoy en Nueva Zelanda en los que no deja de repetir que "la historia es un incesante volver a empezar" o que la presión no le desbarata la cabeza. "Porque la presión depende única y exclusivamente de uno mismo". Una lección de vida que aprendió en el momento justo, "cuando empecé en esto del deporte e iba a las carreras como si me fuesen a comer antes de la salida, pero entonces mi entrenador me dijo: "Respeta a todo el mundo y trata de no tenerle miedo a nadie".