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Rebelión contra los 'bonus' millonarios en las empresas

Los incentivos y sobresueldos provocan alarma social tras las enormes sumas que cobraron ejecutivos de entidades como AIG o SocGen, rescatadas por el Estado para evitar su quiebra

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Esta semana, varios banqueros británicos han contratado a guardaespaldas tras el ataque a la mansión y al Mercedes S600 de Sir Fred Goodwin, el hombre que hundió al Royal Bank of Scotland y que antes de irse se adjudicó 780.000 euros al año de pensión vitalicia. 'Es sólo el principio', dijeron los autores del ataque, en la muestra más cruda de la ira popular por las millonarias sumas cobradas por los mismos ejecutivos que provocaron la crisis financiera.

El caso más sangrante, el de la aseguradora AIG, refleja una cultura corporativa, la de los bonus, de arraigo en Estados Unidos. Allí, los empleados de cerca del 33% de las empresas reciben primas por objetivos, a veces como parte del salario. Se persigue con ello retener a los mejores y que velen por el bien de la compañía.

Nadie en EEUU cuestionó esta práctica hasta hace unas semanas, cuando se supo que AIG repartió 165 millones de dólares entre un grupo de ejecutivos. Nada raro, si no fuera porque la firma esquivó la quiebra con 170.000 millones de ayuda directa del Gobierno, es decir, del contribuyente.

La noticia corrió como la pólvora, enfadó al presidente, Barack Obama, y provocó protestas ante las sedes de AIG. La alarma se encendió en el Capitolio y el Congreso aprobó una ley que obliga a devolver el 90% de los bonos recibidos por empleados que ganen más de 250.000 dólares al año en empresas que hayan recibido más de 5.000 millones en ayuda estatal. La ley, que no gusta a Obama, está parada en el Senado. Quince directivos ya han devuelto el dinero y el Gobierno espera recuperar 80 de esos 165 millones.

Otras firmas están en el punto de mira. Es el caso de Merrill Lynch, que repartió 3.600 millones en bonos justo antes de que Bank of America la rescatara de la quiebra, previo respaldo de la Casa Blanca. Este sábado se supo que Bank of America, que recibió 45.000 millones en ayudas públicas, planea subir un 70% el salario a algunos de sus banqueros de inversión. Y diez ejecutivos de Goldman Sachs, que recibió 12.000 millones del Estado, cobraron 49,6 millones en 2008 gracias a sus inversiones en diversos fondos.

En Francia, los dirigentes de Société Générale (SocGen) se otorgaron stock-options millonarias tras recibir 1.700 millones de euros en ayudas públicas. Ante la presión social y del primer ministro, Nicolas Sarkozy, el banco (el del bróker Jerome Kerviel) decidió suspender (no cancelar) el plan. Sarkozy, con sus cantos a 'moralizar' el capitalismo, ha tenido que rectificar su rechazo a que el Estado influya en los consejos de administración de los bancos subvencionados.

Más reciente es el escándalo de los 3,2 millones de finiquito de Thierry Morin, ex presidente del fabricante de componentes Valeo, que ha aprobado despidos masivos. También está suprimiendo empleos Crédit Agricole, mientras la cúpula de una de sus filiales se adjudica 51 millones en bonus.

En Alemania, los directivos de bancos que reciban inyecciones estatales de capital no pueden cobrar bonus ni ganar más de 500.000 euros al año, pero la ley no dice nada de las entidades que recurren a avales y garantías. Una norma como la de EEUU se descarta. 'Tasar de forma retroactiva bonos ya pagados sería problemático desde el punto de vista constitucional', ha dicho la ministra de Justicia, Brigitte Zypries.

Con las elecciones del próximo septiembre en el horizonte, a la canciller, Angela Merkel, le preocupan los malos datos de las encuestas para su partido, la democristiana CDU. 'Una parte de sus votantes no entiende que hable ahora de nacionalizar y expropiar', dice a Público Manfred Güllner, director del instituto demoscópico Forsa. Merkel opta ahora por la cautela y se esfuerza por no parecer demasiado izquierdista. Hace una semana, rechazó prohibir los bonus pese a los excesos de la crisis. 'Muchos trabajadores normales reciben bonificaciones ligadas a su rendimiento', señaló.

A algunos bancos alemanes no les queda otra que predicar con el ejemplo, como Deutsche Bank, cuya cúpula renunciará este año a los bonus de 2008. Su presidente, el suizo Josef Ackermann, que ganó 1,4 millones de euros en 2008, la décima parte que en 2007, lo anunció como una 'señal muy personal de solidaridad'.

Otros ejecutivos destacan por sus nulos escrúpulos. Al ex jefe del grupo postal Deutsche Post (DP), Klaus Zumwinkel, le condenaron en enero por ocultar al fisco 1,2 millones. Se retiró a una villa italiana, pero a primeros de mes se supo que recibió una pensión de 20 millones de DP, más 714.045 euros por dos meses de trabajo como presidente de la empresa en 2008, el año en que fue detenido. De esa cifra, 480.184 euros eran un bonus.