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De los Rechazados al MOMA, historia de las exposiciones de vanguardia

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Marchantes y exposiciones han sido elementos inseparables de la promoción del arte de vanguardia como explica con abundante documentación una nueva obra en dos tomos dedicada a la historia de las exposiciones: "Salon to Biennal: Exhibitions that Made History" (Phaidon).

"Exponer es encontrar amigos y aliados para el combate", escribió Edouard Manet, y esa dimensión social de la producción artística nunca ha ocupado un lugar tan destacado como en el período de movimientos y manifiestos de las vanguardias del siglo XX.

Todo comenzó con el Salón de los Rechazados de 1863: los académicos sólo aceptaron un 30 por ciento de las obras presentadas por los artistas, pero, en un alarde democrático, Napoleón III insistió en que las obras no admitidas - entre ellas el famoso "Le Dejeuner sur L' Herbe", de Manet- se mostraran en otro extremo del Palais de l'Industrie para que las juzgara el público.

Siguieron las primeras exposiciones impresionistas parisinas entre 1874 y 1886, organizadas por la Sociedad Anónima y Cooperativa de Pintores, Escultores y Grabadores en el estudio del fotógrafo Nadar, en las que participaron Paul Cézanne, Edgar Degas, Pierre-Auguste Renoir, Georges Seurat, Claude Monet, y muchos otros.

Entre la séptima y la octava exposiciones impresionistas se intercaló el Primer Salón de los Independientes, escaparate de los neo-impresionistas (Seurat, Paul Signac u Odilon Redon), que iba a encontrar imitadores en otros países.

El fenómeno de las exposiciones de vanguardia se extendería luego a otros países europeos. Así, en Alemania, el grupo "Die Brücke" exhibió en 1906 sus obras expresionistas en una fábrica de lámparas de Dresde.

En Gran Bretaña el pintor y escritor Roger Fry montó en 1910 la titulada "Manet y el postimpresionismo", que dio a conocer al público inglés, muy conservador en materia artística, a Cézanne, Manet, Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, así como a los fovistas, cubistas y expresionistas.

En 1912 se celebró en París el llamado Salón de la Sección de Oro, dedicado al cubismo de Jean Metzinger, Albert Gleizes, Fernand Léger, Juan Gris, Robert Delauney, Marcel Duchamp y Francis Picabia, que no contó sin embargo con Pablo Picasso y Georges Braque dado que el marchante de ambos, Kahnweiler, quería que sólo exhibieran fuera.

El grupo alemán "Der Blaue Reiter" organizó también su propia exposición en Munich en 1911 con Vasili Kandinsky, Franz Marc y Delauney, acontecimiento acompañado de manifiestos al igual que la Exposición de los Futuristas Italianos en París (1912).

En 1913, el Armory Show familiarizó a los neoyorquinos con los artistas de vanguardia europeos: desde Matisse y Picasso hasta Marcel Duchamp, el padre del arte conceptual, que exhibió allí su famoso "Desnudo descendiendo una escalera".

Aquella exposición fue el comienzo de las importantes colecciones de arte contemporáneo en Estados Unidos, incluido la del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), hoy la más importante del mundo.

En Petrogrado (actual Leningrado) se celebró en 1915 la "Última Exposición Futurista O.10", que constituyó una ruptura con el arte europeo y en la cual el ruso Kazimir Malevich mostró sus pinturas suprematistas y Vladimir Tatlin, sus esculturas constructivistas abstractas.

Otros acontecimientos muy sonados fueron la feria Dada de Berlín (1920), en la que Herzfeld, Schlichter, Grosz y otros combinaron vituperio político y humor, y la Exposición Internacional del Surrealismo de París (1938), donde Salvador Dalí presentó su famoso "Taxi Lluvioso".

Y no hay que olvidar la exposición paradójicamente más visitada de la historia: la del llamado "Arte Degenerado", organizada por los nazis en 1937, que atrajo a más de dos millones de personas en Múnich, primero, y luego a un millón más en otras ciudades de Alemania, Austria y Polonia.

La última exposición abordada en el primer tomo, preparado por Bruce Alsthuler, es la de Nueva Pintura Americana (Nueva York 1959), celebrada en el MOMA, que dio a conocer a la los expresionistas abstractos norteamericanos y viajaría luego por Europa occidental como escaparate de la libertad de expresión americana en la batalla de propaganda de la Guerra Fría.

Joaquín Rábago