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Un recorrido por el siglo XX a ritmo de jazz

El CCCB acoge una exposición sobre la influencia del género musical en las artes

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'El jazz hay sido la banda sonora del siglo XX'. Así lo explica, lo razona y lo expone el filósofo y crítico de arte francés Daniel Soutif, comisario de la exposición El siglo del jazz, que se abrió ayer en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y estará hasta el 18 de octubre.

La muestra plasma cómo el jazz ha matizado todas las artes desde el siglo pasado hasta la actualidad: pintura, fotografía, cine, literatura, grafismo y dibujos animados. A través de 150 obras de arte, 80 audiovisuales, 100 fotografías, 100 partituras, 200 portadas de discos, libros, revistas, carteles y otros objetos, asoman a la exposición grandes artistas del siglo XX: desde Scott Fitzgerald hasta el canadiense contemporáneo Jeff Wall, pasando por Picasso, Matisse, Warhol, Antonioni o Pasolini.

El origen del jazz es incierto y lejano. El recorrido de la exposición comienza a principios de 1917, con la irrupción de la Original Dixieland Jazz Band. A partir de ese año el jazz, como tal, se expande y, durante la Primera Guerra Mundial, se descubre en Europa.

En los años veinte y treinta, Scott Fitzgerald lo aclama en sus Cuentos de la era del jazz (1922). Las partituras se ilustran y se convierten en soporte de los grafistas: '¡Se vendían como churros!', dice Soutif. Paralelamente, la América afroamericana vivía su época de esplendor, la Harlem Renaissence (1917-1936), con Duke Ellington y Louis Arms-trong. Escritores (Langston Hugues), pintores (Aaron Douglas) y más artistas encontraron en la música sus temas predilectos. En Europa, se vivían los 'años locos', con la llegada a París de la vedette Josephine Baker. Picasso, Van Dongen, los escritores Cocteau, Bataille... dieron fe de aquella efervescencia.

El cine sonoro, con sus comedias musicales, queda como principal testimonio de la época del swing: inolvidable el homenaje de Fred Astaire bailando sobre las sombras de Bill Anderson. Durante la Segunda Guerra, Matisse se descubre como un enamorado del jazz y, posteriormente, en los cincuenta, el bebop lo moderniza.

Mientras, en Barcelona, los hot clubs, de los primeros de Europa, agrupan a los artistas más relevantes: Tàpies, Tharrats, Ponç, Guinovart. Las fotos de Català-Roca inmortalizan el inolvidable concierto de Louis Armstrong en Barcelona en 1955.

En los sesenta y ochenta el jazz no vivió ajeno a la revolución free, con sus conexiones con los movimientos de liberación de los negros. Hoy sigue reflejándose en las artes: las jam session paralelas a la muestra a partir de septiembre, serán pequeños ejemplos, en vivo.