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Recuerdos y rutina suben al tren en Alcalá de Henares diez años después

SOFÍA FERNÁNDEZ SAAVEDRA

Miles de personas salieron de sus casas el 11 de marzo de 2004 y subieron al tren creyendo que sería un día normal, pero 191 de ellos murieron en el mayor atentado terrorista perpetrado en España, en unos trenes como en los que hoy se mezcla el recuerdo con la rutina. 

Diez años después del atentado terrorista que golpeó duramente a Madrid, a las 07.04, el tren de cercanías de la línea C-7 salía con normalidad de la estación de Alcalá de Henares repleto de estudiantes rumbo a la universidad con sus carpetas y mochilas, y trabajadores acompañados de sus portátiles y fiambreras. A las 07.40, 36 minutos después de que el tren saliera de Alcalá de Henares, llegaba a la altura de la calle Téllez, lugar a escasos metros de la estación de Atocha donde en 2004 hubo cuatro explosiones que provocaron 63 muertos.

Hoy, en ese mismo lugar reinaba la normalidad y, al mismo tiempo que la megafonía del tren anunciaba que la próxima parada era la estación de Atocha, los pasajeros se preparaban y se ponían en pie para llegar a su destino. La normalidad de la mayoría de los viajeros que se subían hoy a uno de los trenes 'malditos' contrastaba con el nerviosismo de Yolanda San Vicente, mujer de Ramón Matamoros, uno de los viajeros que iba en el primer vagón, a solo unos pasos de una de las bombas que estalló a 500 metros de la estación de Atocha.

Ella podía haber estado también en ese tren el 11 de marzo de 2004, pero tuvo que llevar a sus hijas al colegio, y cuando llegó a la estación de Alcalá de Henares las puertas del tren se le cerraron en la cara y tuvo que esperar al siguiente tren, que nunca llegó. La tragedia no ha hecho que San Vicente deje de coger el tren todas las mañanas -con destino Recoletos- para acudir a su puesto de trabajo, pero sin embargo su marido no ha sido capaz de volver a subir a un tren de cercanías. 'Fue muy duro para todo la familia y, además de las secuelas físicas -solo tiene un 30 % de audición-, también sufre problemas psicológicos derivados del atentado', señala San Vicente.

Por su parte, uno de los pasajeros del último vagón que a diario hace el recorrido Alcalá de Henares-Atocha ha contado que hoy había un silencio 'especial' en el tren. Pese a esta impresión, los viajeros de la línea de cercanías C-7 iban hoy entretenidos leyendo el periódico, con el móvil, con sus tabletas o hablando entre ellos, sin aparentemente preocuparse de que hace diez años el trayecto de ese mismo tren y a esa misma hora fue interrumpido por un atentado.

Mientras, los servicios de emergencia que actuaron en el lugar de la tragedia han apuntado que, a pesar de las desgracias que vieron y vivieron, se quedan como la parte positiva de la solidaridad ciudadana. 'Hicimos lo que pudimos, aunque siempre te quedas con al sensación de que se pudo hacer más', señala Antonio Borrero, policía municipal.

Esta sensación también la comparte el jefe del Departamento de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid, Juan Redondo: 'La desgracia fue muy grande, pero sabemos que hicimos lo que pudimos'. Y el jefe del Departamento de Protección Civil del Samur, Fernando Prados, destaca que la fase más dura de los sucesos fue el momento de hablar con los familiares de las víctimas.

Las 191 víctimas y los 1.858 heridos que reescribieron la historia de nuestro país e hicieron imposible olvidar esta fecha.

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