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Una reforma laboral para el largo plazo con infinidad de lagunas

La medida impulsada por el Gobierno se ha basado desde el principio en previsiones equivocadas que han conducido al país a superar los seis millones de parados

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'Las reformas de hoy son los empleos de mañana', decía la ministra de empleo, Fátima Báñez, tan sólo unos días después de la  huelga general del 14 de noviembre de 2012, la primera vez en la historia de la democracia que, en el mismo año, se convocaban dos paros de este tipo contra la misma reforma laboral.

Pero la prioridad del Gobierno siempre fue crear empleo. Ese fue el mantra con el que Rajoy llegó a la Moncloa, con el que convenció a los ciudadanos de que se podía confiar en el PP para salir de la crisis. Lo primero era crear empleo. No importaba el precio que pagarían los que sí estaban trabajando. Tanto ha sido así que, apenas un año después de la entrada en vigor de la reforma laboral del PP, el paro no ha dejado de crecer mientras Báñez continuaba viendo brotes verdes en la sangría del desempleo, que tras los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), se coloca en 6.202.700 parados.

La ministra llegó a decir el lunes en la Comisión de Empleo del Senado que 'lo que hemos hecho en 16 meses ha sido salvar miles de empleos'. Pero los datos demuestran, sin embargo, que desde que el PP gobierna se han perdido un millón de puestos de trabajo.  Báñez, pese a todo, ha mostrado sin pudor un optimismo de otro mundo. Primero preveía que en 2014 se empezarían a crear puestos de trabajo. Apenas un año antes decía que sería en 2013 cuando el desempleo comenzara a reducirse. Y este baile de predicciones sigue vigente.

Báñez: 'En 16 meses hemos salvado miles de empleos'

Lo cierto es que durante este año, los trabajadores han visto cómo sus salarios se reducían, cómo era más fácil que fueran despedidos por causas objetivas y cómo a sus empresas les salía más barato despedirles. Un síntoma que se ha repetido en todos los países sometidos a un fuerte control del déficit y a duros ajustes de cara a hacer frente a los compromisos adquiridos con Bruselas.

'Poner las bases para la creación de empleo estable de forma que el crecimiento económico se traduzca rápidamente en creación de empleo' era el primero de los objetivos de este cambio en la legislación laboral. Pero el crecimiento económico está muy lejos de llegar. Este primer trimestre el PIB se ha reducido un 0,5%, la caída que el Gobierno preveía para todo el año, suponiendo seis trimestres consecutivos de caídas.

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado viernes, los pesos pesados del PP (Montoro, Santamaría y el propio de Guindos) reconocían que las previsiones del FMI eran ciertas y que el PIB nacional se iba a contraer entorno al 1,5% mientras los cálculos defendidos durante más de un año situaban la caída en un 0,5%. 'Los presupuestos no dañan la recuperación económica', aseguró el ministro de Hacienda a principios de este mes. Pero las políticas de austeridad están estrangulando el crecimiento tanto que el propio Rajoy ha tenido que pedir a Bruselas que se suavicen los objetivos marcados para el 2016, algo que la canciller alemana, Angela Merkel, ha respondido con la afirmación de que 'ajustes y crecimiento son complementarios'.

'No se puede crear empleo con seis trimestres sucesivos de recesión', reconoció Báñez en la misma comisión para justificar el fracaso de su reforma laboral, enfocada supuestamente al largo plazo, pero que está dejando de lado los efectos inmediatos: una tasa de paro del 27,16% de la población activa, ensañándose con los menores de 25 años, cuya tasa llega el 57%.

El segundo de los objetivos de la reforma era 'frenar en el corto plazo la sangría de destrucción de empleo que está sufriendo España ofreciendo alternativas para que el despido sea el último recurso de ajuste'. Unas alternativas que, en diciembre de 2012, situaban en el 33% a las empresas del Ibex 35 que tenían un ERE abierto. Algo de lo que tiene la culpa otro de los objetivos: 'Poner en marcha mecanismos efectivos de flexibilidad interna en las empresas para promover el mantenimiento del empleo'.

Una tras otra, no sólo las previsiones de Báñez han resultado inciertas, sino que también lo han sido las de todos los departamentos. El pasado viernes, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, comparecía ante los medios tras el consejo de ministros para anunciar que hasta 2016 el paro no bajaría del 25%.

¿De qué ha servido entonces la reforma laboral? Según el Gobierno, esta nueva legislación no ha hecho otra cosa que 'frenar el ritmo de destrucción de empleo'. Lo decía el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, confiando como siempre en que las previsiones de crecimiento del Gobierno se cumplieran. Pero eso no ha ocurrido aún durante la legislatura.

De Guindos: 'Hay muchos indicadores positivos'

Ante esta contundente realidad macroeconómica, el Gobierno ha reculado, pero lejos de ofrecer respuestas, se limita a felicitarse porque 'podríamos estar mucho peor'. 'La España de hoy no tiene nada que ver con la de hace un año, hay muchos indicadores positivos', dijo de Guindos el pasado viernes.

Pero esos indicadores (déficit público, contracción del PIB, destrucción de empleo) sólo indican una mayor profundidad del pozo de la recisión. De hecho, el propio Rajoy ha reconocido que durante esta legislatura se destruirán 1,3 millones de puestos de trabajo.

Esto lo decía quien se proclamó presidente del Gobierno apostando por buscar 'la senda del crecimiento y la creación de empleo', que ha dejado un millón más de parados que cuando llegó al poder. Según varios expertos en recursos humanos, la reforma laboral ha permitido la flexibilidad interna de las empresas, pudiendo acogerse a las reducciones salariales en lugar de a los despidos para mantener puestos de trabajo. Pero también han llevado a país a ser récord en expedientes de regulación de empelo (ERE), que aumentaron un 66% en el último año. La intención, siempre han explicado los Báñez, Rajoy o Montoro, era sanear el mercado laboral para que diera frutos a largo plazo.

El Gobierno se contenta con que su reforma laboral, que ni ha creado empleo ni ha reducido el paro, sino todo lo contrario, haya evitado más despidos de los que ha habido. Pero ¿en base a qué previsiones se hacen estas afirmaciones?