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"La reforma de las pensiones debe empezar con guarderías"

Gøsta Esping-Andersen, sociólogo danés de 63 años, uno de los mayores expertos en España sobre el Estado del bienestar

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Gøsta Esping-Andersen, sociólogo danés de 63 años afincado en Barcelona, es uno de los mayores expertos en España sobre el Estado del bienestar. Muchos políticos le buscan como asesor, pero él prefiere concentrarse en la investigación, en rastrear todas las pistas que sirvan para adaptar los servicios públicos a las nuevas necesidades del siglo XXI. Acaba de publicar Los tres grandes retos del Estado del bienestar (Ariel), un torrente de datos y razones en favor de lo público sin rastro de dogmatismo.

¿El sistema público de pensiones está en crisis o no?

Lo está la lógica sobre la que fue creado. Está construido sobre un modelo de familia en regresión, que pivotaba sobre el ingreso único del hombre, que empezaba a cotizar con 20 años y tenía una esperanza de vida de 67 o 68. O sea: más de 40 años cotizando y cuatro o cinco de pensión. Ahora se retrasa el momento de cotizar, se adelanta la jubilación al expulsarse del mercado a muchos a partir de 55 años y la esperanza de vida ha aumentado 10 años. Trabajamos menos, nos jubilamos antes, vivimos más. Algo habrá que ajustar, no?

¿Defiende pues retrasar la edad de jubilación?

Hay argumentos a favor de retrasarla, pero el dilema es distinto al que se plantea. Debe preservarse la equidad, y la propuesta de retrasar a todos por igual la edad de jubilación no lo hace porque la diferencia en la esperanza de vida dentro de cada generación aumenta. Varía hasta 10 años, según factores como la clase y la educación. Habría que tenerlo en cuenta.

¿Cómo?

Por ejemplo, que cada uno se jubile en función de los ingresos acumulados en la vida laboral. A mayores ingresos, jubilación más tardía porque probablemente vivirá más años. Esto ayudaría a la viabilidad y a la equidad. Además, a lo mejor los sindicatos verían bien el debate si se aportaran medidas como esta, que penalizan menos a la clase obrera.

¿Le parece que los sindicatos no están jugando un papel positivo?

Están demasiado cerrados en una lógica que tiene como referencia una economía, un tipo de trabajador y un modelo familiar que han cambiado mucho. Aquí son más rígidos que en los países escandinavos. Hay temas que parece que no se pueden debatir. Le pondré otro ejemplo: como las mejoras salariales se vinculan a la antigüedad, los trabajadores resultan más caros justo cuando ya no están en su apogeo productivo. Resultado: se les expulsa del mercado de trabajo vía prejubilaciones, lo que perjudica el sistema porque dejan de cotizar y empiezan a percibir pensión antes de lo que toca. Deberíamos poder hablar de todo esto.

El problema quizá es que el debate se plantea siempre en una dirección: recorte de derechos.

Es un gran error. El debate de las pensiones está interconectado con muchos otros del Estado del bienestar. Por ejemplo, crear un servicio de guarderías universal es una de las mejores medidas para fortalecer el sistema de pensiones.

¿Por qué?

El riesgo financiero tiene que ver con una ecuación simple: la relación entre ingresos y gastos. Con más cotizantes tienes más ingresos: por esto hay que poner el foco en el empleo. Una de las razones que explican los problemas en España es el bajo nivel de empleo, sobre todo de las mujeres. Entonces, cualquier política que ayude a que la mujer maximice su vida laboral es básico para las pensiones. Y las guarderías son esenciales. Aquí apenas hay red pública de 0 a 3 años.

¿Por qué nunca se habla de esto cuando se debate sobre las pensiones?

Es un misterio increíble. Sólo se discute una variante: los inmigrantes. Y su efecto no deja de ser limitado si se compara con lo que supondría lograr tasas de actividad de la mujer equivalentes a las escandinavas. ¡Esto solo aseguraría el balance de las cuentas al menos hasta 2040!

¿Y en 2040?

Hay muchas cosas que pueden hacerse para preservar el modelo público. Por ejemplo, se depende demasiado de la cotización de los trabajadores. En los países escandinavos, se mezcla con impuestos que mejoran la solidaridad y la equidad. Otra: aquí hay un tope para la cotización. ¿Por qué? El sistema es muy regresivo: sólo beneficia a los fuertes en el mercado de trabajo.

¿Las estrecheces de la economía no dificultan expandir los programas públicos?

Es que no hay que considerarlos gasto, sino inversión. El reto es identificar los programas que tienen carácter de inversión: educación, sanidad, lucha contra la pobreza... Estudios en EEUU cuantifican que el coste de los altísimos niveles de pobreza infantil equivalen al 5% del PIB: por los gastos en salud, por la falta de capacitación para insertarse en el mercado de trabajo, por la delincuencia. Invertir contra la pobreza sería pues muy eficiente en términos económicos. Y de nuevo vemos la interconexión: estaríamos reforzando las pensiones.

¿Las pensiones?

Los programas para luchar contra la pobreza infantil tienen mucho que ver con ayudar a que la madre trabaje. Si la madre trabaja, el riesgo de pobreza infantil es cuatro veces inferior, y estás reforzando el sistema de pensiones con nuevas cotizaciones. Además, exige inversión en guarderías y educación infantil, otra gran inversión para una economía eficiente y para las pensiones.

¿Es viable en plena recesión?

¡Es importantísimo porque es inversión en alta calidad de capital humano! ¡Es inversión tremendamente eficiente para la economía! Fíjese: la base cognitiva se forma antes de los 6 años. Si aquí no lo haces bien, todo es una cadena: fracaso escolar, no formas por tanto buen capital humano, que es básico para ampliar la base productiva de la economía, mejorar el empleo, aumentar las cotizaciones y garantizar las pensiones. Hay estudios que demuestran que por cada dólar que se invierte en guarderías se acaban generando 12. ¡Es un rendimiento superior a cualquier inversión en bolsa! Es por esto que una reforma de las pensiones debería empezar con los bebés y las guarderías.