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El regalo de Navidad

Tras el anuncio de Moody's

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El pasado 30 de septiembre, la agencia Moody's pudo haber bajado dos escalones la deuda pública española, posibilidad que había anticipado en julio, pero en lugar de degradar la nota máxima AAA hasta AA2 la redujo en un escalón, dejándola en Aa1. Su gran rival, la agencia Standard & Poors ya había quitado a España la triple A, situándola en AA.

Pero la política se ha reducido a ganar tiempo. Y, así, en sus negociaciones con Moody's, el Gobierno se ahorró un escalón. Dada la presión sobre España en los mercados financieros, es difícil resistir la tentación de pensar que quizá hubiera sido mejor tragar con la bajada de los dos escalones de un solo golpe a finales de septiembre. Porque la advertencia de Moody's en el sentido de que puede bajar entre uno y dos escalones la deuda de aquí al 31 de marzo no ha podido caer en peor momento.

¿Por qué? Pensemos que los mercados forman un tribunal y que aquellos a quienes les prestan enormes cantidades de dinero se les sienta en el banquillo. Pues en el caso de España, el que ahora mismo se sienta en ese banquillo no es sólo el Gobierno, que tiene que emitir deuda, sino también los bancos, que tienen que renovar las suyas. No es casual que Moody's haya anunciado el martes el mantenimiento de su 'perspectiva negativa' para la banca española y un día después haya advertido de la posible nueva degradación de la deuda pública.

La crisis de la deuda pública española y la potencial crisis bancaria están, así, interconectadas. Es como si España estuviera en libertad bajo una fianza variable que va siempre en la misma dirección: al norte, es decir, hacia arriba. Y aunque el Gobierno y el Congreso bailen nerviosamente al ritmo de las reformas que presuntamente exigen los mercados, las cuentas que ahora se están ajustando se refieren a la enorme deuda acumulada y a la dificultad de crecer lo suficiente como para garantizar el reembolso.

El regalo de Navidad de Moody's se hizo sentir ayer en la economía global. La caída de las bolsas asiáticas fue atribuida en todos los comentarios a España. 'La mayor parte de los mercados bursátiles de Asia cayeron el miércoles, con Hong Kong sufriendo grandes pérdidas al poner Moody's bajo revisión la calificación de España para una posible rebaja y empujó monedas con riesgo como el euro o el dólar australiano hacia abajo', decía la edición asiática de The Wall Street Journal.

España se asegura, pues, un papel estelar en el Consejo Europeo que debatirá a partir de hoy el nuevo Mecanismo de Estabilización Financiera que sustituirá al actual en 2013, y que impulsa, como una división Panzer, Alemania.

España está en el epicentro de la crisis. Y el alcance de la misma, según las palabras pronunciadas el lunes por Mark Carney, gobernador del Banco Central de Canadá, uno de los países en los que no ha habido burbuja inmobiliaria, es el siguiente: 'Las turbulencias actuales en Europa nos recuerdan que la crisis no ha terminado, que simplemente hemos entrado en una nueva fase. En un mundo saturado de deudas, reparar los balances de bancos, familias y países exigirá años'.