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Las relaciones entre Rabat y Madrid atraviesan un momento dulce

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Las relaciones entre España y Marruecos viven en la actualidad uno de sus momentos más dulces después de una década con altibajos, pero en la que los intereses mutuos han podido más que las divergencias.

Una de las frases que más se escucha a los marroquíes al referirse a las relaciones bilaterales es que Marruecos y España "están condenados a entenderse", por su proximidad geográfica y por sus ancestrales vínculos comunes.

El embajador español en Rabat, Luis Planas, sintetiza en una entrevista con Efe el espíritu de esta vecindad: "Cualquier paso adelante de Marruecos es siempre una buena noticia para España".

Uno de los hilos conductores de esta relación es, sin duda, la tupida red económica que se ha tejido entre los dos países a lo largo de los diez años de reinado de Mohamed VI, en los que tanto la inversión española como el comercio bilateral se han disparado.

España se ha afianzado como segundo socio comercial de Marruecos, con una cifra bilateral de intercambios de en torno a 7.000 millones de euros, que experimenta un crecimiento anual de entre el 15 y el 20 por ciento.

Ya son cerca de un millar las empresas españolas que se han instalado en el país magrebí, según datos de la Embajada, y todo hace indicar que esa cifra continuará aumentando.

La apertura este mes de julio de la primera sucursal de una entidad financiera española en Marruecos -una oficina de La Caixa en Casablanca- ejemplifica esa voluntad de permanencia, que será seguida por otros bancos próximamente.

La sintonía económica ha ido acompañada de una mayor firmeza a la hora de afrontar desafíos comunes entre los dos países, como la inmigración ilegal, el narcotráfico y el terrorismo de inspiración salafista.

Tras los atentados de mayo de 2003 en Casablanca y los del 11 de marzo de 2004 en Madrid, ambos países llegaron al "convencimiento común de que quienes quieren atentar contra la estabilidad y la seguridad de España son los mismos que quienes quieren hacerlo contra Marruecos", según Planas.

La cooperación de los aparatos judiciales, que cuentan con un magistrado de enlace permanente en cada país, se ha apuntado éxitos como el procesamiento de uno de los implicados en el 11-M, Hasán el Haski, que fue entregado temporalmente a la justicia marroquí para ser juzgado, o la reciente extradición del narcotraficante Mohamed El Ouazzani, "El Nene".

Pero pese a esta "puesta en hora" de los mecanismos de seguridad, hay recelos entre ambos países, como la reciente expulsión de agentes del espionaje español (CNI) que operaban en el norte de Marruecos.

Las divergencias de intereses vivieron su momento más tenso durante la crisis del islote Perejil, en julio de 2002, que enfrentó a los países durante diez días y que se saldó con un acuerdo alcanzado con la mediación de Estados Unidos.

Mohamed VI ha preferido pasar de puntillas sobre asuntos espinosos, principalmente el estatus de Ceuta y Melilla, que, como reconocen fuentes diplomáticas, no figura actualmente en un lugar prioritario de la agenda exterior marroquí.

La última vez que las dos ciudades autónomas fueron foco de tensión fue en noviembre de 2007, con la visita de los Reyes de España a Ceuta y Melilla, lo que motivó la retirada del embajador marroquí de Madrid durante dos meses.

Mohamed VI "condenó" y "denunció" entonces la visita, y ofreció mantener un "diálogo responsable" sobre el futuro de las relaciones entre ambos países.

Sin embargo, la buena relación entre ambos monarcas -que data ya del reinado de Hasán II, a quien el rey Juan Carlos calificó como su "hermano mayor"- contribuye a que, pese a los desencuentros, las condiciones sean propicias para ahondar en la cooperación.

"La relación entre las Familias Reales ha sido siempre fraternal y de amistad, de comunicación regular y continua. Ambos países nos podemos preciar de ello, especialmente ahora con el décimo aniversario del acceso al trono de Mohamed VI", subraya Planas.