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Renée Fleming dosifica su perfección en el Teatro Real

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La soprano estadounidense Renée Fleming es una diva y, como buena estrella, una maestra en la dosificación de su singular mezcla de color, tono y timbre, por eso, quizá, esta noche se ha guardado en el Teatro Real lo mejor para los "bises" de su recital "verista", en el que ha tenido que salir a saludar hasta ocho veces.

Fleming, que ha cumplido este año medio siglo, explicaba el miércoles a un grupo de periodistas que había querido elaborar ella misma el programa para el recital de Madrid, fundamentado en su último disco, "Verismo" (Decca), porque le gusta variar en cada ciudad y les preguntaba si al público español le gustaba Richard Strauss porque había decidido incluir cuatro de sus canciones.

Si sirve la reacción de esta noche del público, la duda está resuelta: al Real le gusta y entiende a Strauss, al que ella se ha dedicado con luminosa entrega, aunque también es cierto que la pieza más aclamada ha sido "O mio babbino caro" -"Gianni Schicchi" de Puccini-, el primero de los tres bises.

Vestida con un traje principesco en color bronce, tributo de la admiración que siente por ella la diseñadora británica Viviane Westwood, Fleming ha aparecido majestuosa entre los músicos de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro Real, para ponerse a las órdenes de Jesús López Cobos, que ha abierto el programa con las "Matinees musicales" de Britten.

Su primera aria, "D'amore al dolce impero", de "Armida" de Rossini, ha sido recibida con cierta frialdad pero ya en la segunda, "Era più calmo?...Piangea cantando...Ave María" de "Otello" de Verdi, ha arrancado bravos y prolongados aplausos.

Su decisión de abrir la segunda parte del concierto, que ha durado dos horas y cuarto, con canciones de Strauss ha sido de nuevo acogida con bravos, pero ha habido que esperar a "Troppo tardi!", de "Fedora" de Giordano, para volverlos a escuchar.

Su exploración contenida y melancólica en "las otras heroínas" del realismo salidas de la Giovane Scuola, y materializadas en las arias "No! Se un pensier", de "Siberia", también de Giordano; "Musette svaria sulla bocca viva" y "Ma vi chetate", de "La Boheme" de Leoncavallo, y "Donde lieta usci" de "La Boheme" de Puccini, ha sido acogida "sólo" con calurosos aplausos.

Para concluir, Fleming ha elegido "Un di", de "Iris" de Mascagni, y esta sí se ha llevado una gran ovación, preludio del entusiasmo que ha despertado con sus bises.

A "O mio babbino caro" le ha seguido "Ler dalla fabricca a Triana", de "Conchita" de Zandonay, y el último, precedido de su "muletilla" "one more encore" ("una más"), con la que pone fin a sus conciertos, ha sido "Morgen", de Strauss, una auténtica "delicatessen" que ella ha paladeado con su evanescente voz.

La soprano es una celebridad acreedora de las más singulares muestras de admiración: desde un postre -Diva Renee-, a un perfume -"La Voce"- pasando por creaciones de modistos como Christian Lacroix o Westwood, y la firma organizada esta noche por la casa de discos en la tienda del Real tras su actuación ha dado buena muestra de ello.

Una cien personas esperaban pacientemente a la estrella, que ha aparecido enfundada en un traje negro y con el mismo collar con el que refulgía en el escenario dispuesta a hacerse fotos y estampar su firma en cuantos discos y programas le han acercado.

Concha Barrigós