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La resistencia civil palestina se encamina a una tercera intifada

Protestas importantes en Cisjordania ante la próxima visita de Barack Obama a la región. El diputado palestino, Fayez Saqqa, denuncia la crónica procrastinación de la comunidad internacional en el asunto de la ocupaci&oac

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Las revueltas de los últimos días en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén, devuelven al candelero la cuestión palestina. Ciertamente han sido protestas importantes, aunque lo más probable es que se diluyan y acaben antes de que el presidente Barack Obama llegue a la región el 20 de marzo.

Lo que está ocurriendo es el resultado de varias cuestiones que siguen sin resolverse, sobre todo de la ocupación. Las llamadas negociaciones de paz están bloqueadas desde hace mucho tiempo y la ausencia de decisiones empuja a la gente a la desesperación. La ocupación es un mal endémico que todavía no se ha resuelto por falta de voluntad de Israel y de la comunidad internacional.

'Ya es hora de que la comunidad internacional haga su trabajo y termine con la ocupación militar', dice el diputado palestino Fayez Saqqa, para quien la responsabilidad principal recae sobre el presidente Obama y sobre el resto de potencias occidentales que prefieren mirar para otro lado mientras Israel sigue expandiendo las colonias.

'Las revueltas no funcionan por medio de un control remoto sino que son la consecuencia del estado anímico de los palestinos. No se pueden frenar así como así, son espontáneas y populares y obedecen únicamente a la voluntad del pueblo', añade Saqqa.

'Las revueltas no funcionan por medio de un control remoto sino que son la consecuencia del estado anímico de los palestinos'

Es obvio que el presidente Mahmud Abás mantiene una posición conciliatoria, especialmente después de que los líderes israelíes y americanos le hayan instado a poner fin a las protestas. El margen de maniobra de Abás es escaso, y el inquilino de la Muqata no para de mostrar su talante pacifista, incluso ante las situaciones más adversas, como las que ahora se viven en Palestina.

Otras tres cuestiones que sin duda están detrás de las revueltas son la retención del dinero palestino que se origina en los impuestos que recauda Israel, la situación de los prisioneros en las cárceles hebreas, que van de huelga de hambre en huelga de hambre, y la muerte, el pasado sábado, de Arafat Yaradat, un joven de 30 años detenido por arrojar piedras a los soldados y fallecido en la cárcel a causa de las torturas, según los palestinos, o causa de un ataque al corazón, según los israelíes.

El primer ministro Binyamin Netanyahu ordenó el fin de semana la reanudación de las transferencias de los impuestos palestinos, que habían sido congeladas en noviembre, cuando la Asamblea General de la ONU reconoció a Palestina como estado no miembro. Netanyahu no lo ha hecho por generosidad altruista o desinterés sino porque con ese dinero se cubren las nóminas de la policía palestina, que es la que tiene que mantener el orden en los territorios ocupados.

'Lo ocurrido en los últimos meses apunta a una tercera intifada, aunque por otra parte nadie está interesado en ella. La única alternativa a la violencia pasa por el comienzo de un proceso político serio. La situación es muy delicada aunque Abás ha demostrado de una manera coherente que no quiere un enfrentamiento directo. Creo que si no hay un proceso serio, en los próximos meses todo se va a desmoronar pues objetivamente se dan las circunstancias para una tercera intifada', comenta Arie Katzovic, profesor en la Universidad Hebrea y experto en la cuestión palestina.

'El deterioro de la situación dependerá en gran parte del equipo de gobierno que se cree en Israel y de Estados Unidos. John Kerry ha dado señales de quiere un proceso serio y rápido. Netanyahu, por su parte, no está interesado, pero habrá que ver si una vez más es capaz de soportar la presión. Todo esto recuerda a un paseo en bicicleta, si no pedaleas te caes', añade Katzovic.

Otros expertos señalan que el prestigio de la Autoridad Nacional Palestina en los territorios ocupados está en caída libre, especialmente el prestigio de Abás, que mantiene Cisjordania como una balsa de aceite y no obtiene nada a cambio. El veterano político palestino, de 78 años, está viendo como la ocupación se consolida día a día y el número de colonos judíos se dispara de un año a otro sin que Estados Unidos y Europa hagan nada para evitarlo.

Con respecto al nuevo gobierno israelí que estos días está formando Netanyahu, no hay que esperar grandes cosas. El carismático Yair Lapid, líder del partido Yesh Atid (Hay Futuro), que tal vez se convierta en un personaje central del ejecutivo, no ha mostrado el mínimo interés en resolver el conflicto, ni durante la campaña electoral ni después. La única esperanza pasa por una fuerte presión por parte de Estados Unidos y la UE, algo que no parece que vaya a ocurrir.

En estas circunstancias, los palestinos se encuentran ante un auténtico dilema. Pueden optar por seguir como hasta ahora, es decir callados, mientras Israel expande y consolida la ocupación, o pueden lanzarse a una tercera intifada, lo que tendría un elevado coste pero al menos pondría cierta presión sobre la comunidad internacional.