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El responsable de la librería cree que ETA está "dispuesta a seguir matando"

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El responsable de la librería "Lagun" de San Sebastián, Ignacio Latierro, ha considerado hoy que el "mensaje amenazador" de las pintadas aparecidas en este establecimiento transmiten la advertencia general de que los terroristas están "dispuestos a seguir matando".

"Recalde, R.I.P." junto a una diana en el escaparate de la librería es, según ha dicho a EFE Latierro, además de una amenaza de muerte "rotunda" al ex consejero vasco socialista y actual miembro del Consejo de Estado, "una amenaza en general contra todo el mundo, la de decir que 'estamos dispuestos a seguir matando'".

Y si a esta inscripción la acompañan otras dos, en la persiana de entrada a la librería y en la del establecimiento contiguo, con el anagrama de la organización terrorista y un "Gora ETA", la autoría y la intencionalidad quedan, a su juicio, "bastante claras".

"Me parece preocupante la existencia de una amenaza expresa", ha añadido el ex parlamentario vasco socialista, quien ha insistido en que sus autores han pretendido claramente "dejar un mensaje".

Latierro se ha mostrado "escéptico" respecto a los movimientos que se están produciendo en la izquierda abertzale, a la que le ha dicho que con las pintadas aparecidas hoy en la librería "tienen una oportunidad, no sólo para expresar su rechazo a las amenazas de ahora, sino también al intento de asesinato contra el propio Recalde en el año 2000".

Sin embargo, sí está convencido, ha puntualizado, de que "ETA está acabada" y en "fase terminal".

Ignacio Latierro, que es copropietario de "Lagun" junto a María Teresa Castells, esposa de José Ramón Recalde, ha recordado que "desde siempre" esta librería "no les ha gustado a los radicales abertzales" por ser un comercio que "se ha sostenido en la pluralidad" y "el carácter abierto".

No obstante, no ha ocultado su sorpresa por las pintadas amenazantes aparecidas hoy, ya que, si bien los ataques contra la librería eran persistentes en la antigua ubicación de la Parte Vieja, desde que la trasladaron en 2001 a la calle Urdaneta, en el ensanche de San Sebastián, sólo habían sufrido unas inscripciones "que parecían más bien obra de un espontáneo que algo premeditado".