Publicado: 04.02.2014 07:40 |Actualizado: 04.02.2014 07:40

Cuando resucitar a un personaje no es la mejor opción

'The Following' arranca su segunda temporada como 'Sherlock' la tercera, pero en su caso devolver a la vida al muerto no funciona

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The Following acaba de estrenar su segunda temporada con la sorpresa (o quizá no tanto) de la resurrección de Joe Carroll (James Purefoy). Su regreso de entre los muertos se suma a otro muy reciente en el mundo de la series como ha sido el del Sherlock de la BBC. Estando tan cercanos en el tiempo resulta inevitable compararlos argumentalmente. El resultado, como cabría de esperar, es negativo para la ficción creada por Kevin Williamson. Porque para resucitar a un personaje muerto a ojos del espectador no sólo se debe tener una buena excusa, sino que hay que saber hacerlo. Muchas veces habría sido mejor dejar las cosas como estaban y que la muerte fuese tan real como parecía.

Nota: Este reportaje contiene spoilers si no se han visto las series mencionadas.

Que Sherlock estaba vivo se supo al final de la segunda temporada. Fue en ese epílogo en el que se podía ver a Benedict Cumberbatch observando desde las sombras el bonito discurso que su inseparable John Watson (Martin Freeman) pronunciaba ante su lápida. Lo que quedaba por desvelar en la tercera temporada era cómo había sido capaz el detective de sobrevivir a una caída de cinco pisos de altura. Tres capítulos de hora y media de duración y ninguna explicación. Hubo varias, en el primer episodio, pero ninguna se dio por verdadera. Es más, los creadores y guionistas optaron por el humor, contando varias teorías a cada cual más rocambolesca y fanática sin llegar a desvelar la real. ¿Importó? Ni lo más mínimo. Al fin y al cabo, lo verdaderamente importante era que Sherlock no había muerto y que regresaba en pleno uso de sus facultades.

 

En otros casos, léase el mencionado de Joe Carroll, no ocurre así y no termina de funcionar. El personaje de Purefoy, por mucho que fuese de lo poco salvable de la primera temporada de The Following, podría haber encontrado un reemplazo a la altura. Teniendo en cuenta que es el ideólogo de una secta de asesinos en serie con un incontable número de seguidores, no debería haber sido complicado dar con un sustituto como villano para la segunda temporada. Candidatos no faltan. Y, después de todo, Kevin Williamson tiene experiencia en estos lares argumentales ya que ha sido el guionista de Scream.

Aún así, optaron por no darle demasiadas vueltas al asunto y salvaron a Carroll. Hacerlo fue sencillo teniendo en cuenta que, supuestamente, había muerto en la explosión de un embarcadero. Bastaba con que hubiese conseguido saltar a tiempo al agua para evitar la explosión y sumergirse para no ser pasto de las llamas. Dicho y hecho. Como final de una temporada que empezó fuerte y se fue desinflando, la muerte del malo de la historia supuso un tímido atisbo de esperanza para The Following. Sin embargo, su ‘resurrección' puede que haya acabado por matar el interés de muchos en la serie.

Casos similares de personajes que ‘resucitaron' guión mediante no sólo hay bastantes sino que algunos llevan el sello ‘made in Spain'. Pasó con Lucas en Los hombres de Paco o con Andrés en Gran Hotel. Carroll simula su propia muerte para engañar al FBI y que deje de perseguirlo. Lo mismo hace el personaje de Hugo Silva, que para conseguir que le dejen en paz aquellos que le acosaban simula su propia muerte. En el caso de Andrés era algo distinto. Supuestamente perecía condenado a garrote vil, pero todo era un truco para hacer salir a su esposa de su también fingida muerte. Un ardid (eso de matar personajes y que luego resultasen estar vivos) del que abusó en exceso la serie encabezada por Concha Velasco. Más de uno habría sido mejor que se quedasen en el hoyo para no salir.

Caiga bien o no el personaje 'resucitado', lo cierto es que a veces el giro argumental puede llegar a hastiar, sobre todo cuando se abusa de él. ¿Cuántos personajes han muerto en Érase una vez... que luego resultó que estaban vivos? Bella (Emilie de Ravin) y Belfire (Michael Raymond-James) son dos de los que vienen rápido a la mente. Aunque bien es cierto que en el caso de la serie basada en los personajes de cuentos de toda la vida suele ocurrir que el engaño al espectador dura relativamente poco (si es que llega a haberlo) y que es a otros personajes a quienes mantienen en el limbo durante lo que los guionistas consideran oportuno. Algunos hasta mueren de verdad, pero como es un mundo donde la magia impera, todo está justificado. Hasta el regreso del más allá.

El problema, volviendo a lo mismo, es abusar del truco. American Horror Story ha sabido hacerlo mejor. En su tercera temporada, Coven, uno de los protagonistas moría atropellado y resucitaba gracias a un hechizo y a un beso de amor. Con una vez basta. Funciona. En casos como la muerte de Nicholas Brody (Damian Lewis) el espectador desearía que esta no fuese cierta y que la cuarta temporada arrancase con él milagrosamente vivo. Pero también es verdad que además de ser imposible, un giro así restaría a la serie la poca credibilidad que le queda tras la fallida tercera temporada. ¿Y si el Brody que se vio colgado de una grúa no fuese él? Después de todo, en El mentalista el John Rojo que moría al final de la tercera temporada como Bradley Whitford se descubrió al comienzo de la cuarta que no era él. No, tampoco. En este caso tampoco funcionaría. Como tampoco lo haría una no explicación a lo Sherlock. Homeland tendrá que seguir sin Brody.

Las series que más recurren a estas muertes fingidas suelen ser aquellas donde prima el componente mágico o sobrenatural. De esta forma es más sencillo justificar que el personaje muerto no lo esté o incluso que su espíritu encuentre otro cuerpo en el que alojarse. Le pasaba al novio de Melinda Gordon (Jennifer Love Hewitt) en Entre fantasmas. A ojos de resto de personajes la protagonista se casaba con un hombre con el aspecto de Kenneth Mitchell, pero en realidad era la reencarnación de David Conrad. El espectador sólo veía al primero cuando el personaje de Jim se miraba al espejo o se reflejaba en alguna superficie. Suena raro y complicado, pero mucho más rocambolesca es la resurrección que les espera a los seguidores de Juego de Tronos para la cuarta temporada (cuyo estreno ha sido anunciado para el 9 de abril).

Al margen de todo se sitúan Perdidos, donde los muertos resucitados se agolpan uno tras otro. El más recordado es el caso de John Locke, que moría pero su cuerpo continuaba paseando con toda normalidad por la isla después de el que misterioso humo negro se introdujese en él. De la serie creada por J. J. Abrams se podía esperar cualquier cosa menos una explicación. Desde ver muertos resucitados a un oso polar en un emplazamiento tropical. Eso por no hablar de que supuestamente todos estaban muertos y la isla era el purgatorio. ¿O no era ese el final?