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La resurrección de una villa que quiso ser pantano

Granadilla está en plena Ruta de la Plata, al norte de la provincia de Badajoz. Por el camino veo nidos y nidos de cigüeñas

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Fue mi padre el que me habló de este sitio: 'Ya que vas a estar por allí puedes pasarte por Granadilla, un pueblo abandonado que expropiaron para construir un pantano en la época de Franco'. Y como mi padre tiene buen ojo para estas cosas, le hice caso.

Granadilla está en plena Ruta de la Plata, al norte de la provincia de Badajoz. Por el camino, pasando por la autovía de la Plata, veo nidos y nidos de cigüeñas. Coronan torres de alta tensión y cualquier otra construcción que se preste. Los hay por montones y los pollos (así es como mi hermano y yo llamamos a cualquier tipo de ave) los habitan por parejas y miran tranquilas y erguidas al horizonte.

En cuanto los últimos habitantes de Granadilla dejaron el pueblo, los expropiadores tumbaron la campana de la torre de la iglesia. Era el símbolo que indicaba que allí ya no había pueblo. Fue durante la dictadura de Franco, allá por los años sesenta, cuando el régimen expropió este pueblo para construir el cercano pantano de Gabriel y Galán. Los cálculos fueron poco precisos y el pueblo no quedó inundado. Ya era demasiado tarde para los que habían sido sus habitantes, obligados a dejar sus casas y repartidos por los pueblos cercanos. Más de 40 años después, Granadilla está recuperando poco a poco sus formas de antaño.

Sin duda, el pueblo guarda su encanto. Es muy pequeñito y las calles son de piedras. Desde lo alto de la torre del homenaje se ve enterito, dentro de la muralla que lo rodea. Más cerca, la parte ya rehabilitada, con sus casas de colores recién pintadas, sus macetas y sus puertas de madera. Un poco más allá, la parte aún por trabajar, bonita pero más oscura y con piedras enmohecidas.

Aunque la reconstrucción comenzó tan sólo unos años después de que se comprobara que el agua no había llegado a sus calles, el impulso definitivo para que Granadilla cobrara vida de nuevo comenzó hace poco. Ahora, durante todo el año, grupos de jóvenes y monitores acuden al pueblo para rehabilitarlo. El proceso es lento y mientras, se alojan en las casas que ya están rehabilitadas. Entretanto ando por las calles, les veo dentro de las casas y locales trabajando madera y preparando las obras. En la Plaza Mayor está el que fue el Ayuntamiento de Granadilla y primer edificio que empezó a rehabilitarse.

Si Granadilla está reviviendo, cerca hay otro lugar que pronto cobrará vida. Al otro lado del pantano, que pasa por uno de sus momentos más bajos, está El anillo. Se trata de un llamativo proyecto, un círculo de acero y cristal camuflado por el bosque de pinos que lo rodea. El anillo va a ser un centro de desarrollo e investigación deportiva y turismo relacionado con deportes dela naturaleza.

Recorro la instalación de nada más y nada menos que cinco mil metros cuadrados. Desde el interior, también de acero, puede verse el bosque y el agua del pantano. El círculo interior que queda al aire libre está también lleno árboles. Desde la cubierta, las vistas son aún más alucinantes. El anillo se encuentra en una península que se adentra en el pantano. Aún pueden verse algunas instalaciones de un antiguo club náutico que ocupaba antes la zona. Fue la naturaleza del terreno lo que propició que el centro tenga forma de anillo: sólo se podía construir en la zona no inundable, que casualmente tenía forma de círculo. El anillo no toca el suelo por ninguna de sus partes, unos pilares lo elevan. El proyecto ha ganado ya varios premios de arquitectura.

Muy cerca de la instalación se encuentra el poblado de Gabriel y Galán, que en su día fue construido para albergar a todos los trabajadores que construyeron el pantano. Aquí llegaron a vivir unas 1.500 personas, ahora apenas hay ocupadas algunas casas. Con toda probabilidad, El anillo ayudará a que el poblado cobre vida de nuevo.