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La revuelta nacional opositora precipita a Pakistán en el caos

Miles de manifestantes se dirigen hacia Islamabad para participar este lunes en una protesta masiva

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'Soplan vientos de cambio y nadie puede detenerlos. Quien lo intente, será destruido', clamó este domingo el líder de la oposición paquistaní, Nawaz Sharif, a miles de partidarios que le vitoreaban en las calles de Lahore. Sus palabras fueron una clara advertencia al Ejecutivo paquistaní, que intenta impedir a toda costa que decenas de miles de manifestantes opositores culminen este lunes en Islamabad su 'larga marcha' contra el Gobierno.

La Policía ha bloqueado todas las rutas de acceso a la capital paquistaní y ha arrestado a más de 500 activistas. También intenta disuadir a la población anunciando que existe un alto riesgo de que se cometan atentados terroristas en las marchas. Pero, por ahora, todo ha sido en vano. El asalto al poder continúa y la crisis política está precipitando a Pakistán en el caos sólo un año después de la vuelta a la democracia.

El líder opositor acusa al Gobierno de crear un 'Estado policial'

Los manifestantes exigen la rehabilitación de todos los jueces depuestos por el golpista Pervez Musharraf en 2007. El presidente, Asif Alí Zardari, se opone, por miedo a que la magistratura abra una investigación contra él por corrupción que le obligue a dimitir.

Las discrepancias con la Justicia fueron el principal motivo por el que Sharif abandonó la coalición gubernamental. Sus diferencias se acentuaron el 25 de febrero, cuando el Tribunal Supremo ordenó la inhabilitación del líder opositor y él se negó a acatarla, calificándola de 'inconstitucional e inmoral'.

El domingo Sharif elevó aún más el tono de sus críticas. Animó a sus seguidores a 'luchar contra este sistema político obsoleto' y acusó a Zardari de haber convertido Pakistán 'en un Estado policial' por detener a todos los que se oponen a él.

El propio Sharif anunció por la mañana que había sido puesto bajo arresto domiciliario, pero horas más tarde abandonó su casa sin encontrar resistencia. Su salida hizo pensar que había cerrado un pacto con Zardari para obtener su rehabilitación política a cambio de detener las protestas. Pero el supuesto pacto seguía en el aire.

El deterioro de la frágil democracia paquistaní ha encendido las alarmas, tanto dentro como fuera del país, por su repercusión en la guerra abierta contra la insurgencia talibán.

'¿Me detienen a mí y no hacen nada por detener a (líderes talibanes) como Beitullah Mehsud o el Maulana Fazlullah? Parece que este Gobierno está más preocupado por las críticas políticas que por los extremistas que amenazan la seguridad del país', denuncia por teléfono la defensora de derechos humanos Tahira Abdullah, quien estuvo un día bajo arresto domiciliario.

Diplomáticos de Washington y Londres trabajan entre bastidores para lograr la reconciliación entre Gobierno y oposición. Pero Sharif mantiene su tono desafiante: 'No me he unido a la marcha para lograr la presidencia. Pero si Zardari nos pone contra la pared, no nos iremos a casa y nos quedaremos callados'.