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El rock diabólico de Kiss posee en Madrid las almas de miles de fieles

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El legendario grupo estadounidense Kiss llegó a Madrid con la gira de presentación de su último álbum "Sonic Boom", el primer trabajo de estudio de la banda en once años y la gran oportunidad de comprobar que su directo es una de las mejores dramatizaciones de la historia del rock.

En las colas de acceso al Palacio de los Deportes de Madrid se podía palpar la emoción de cientos de seguidores de todas las edades con el logo de la banda impreso en sus camisetas. Otros fueron más allá y lucían cuero o mallas negras con cadenas y gargantillas metálicas a juego.

Los más osados optaron por el maquillaje facial a imagen y semejanza de Paul Stanley (guitarra rítmica y voz principal), Gene Simmons (bajista), Tommy Thayer (primera guitarra) y Eric Singer (batería), o lo que es lo mismo, "Starchild", "The Demon", "Spaceman" y "Catman".

El tour "Sonic Boom over Europe" de esta formación fundada en 1973 eleva al máximo exponente la denominación de espectáculo musical. Segundos antes de la aparición del grupo se hizo la oscuridad y estalló la bomba de relojería programada para las nueve de la noche.

"All right Madrid, you wanted the best and you got the best!", exclamó Stanley -fundador de la banda junto a Simmons- justo antes de que el telón bajara de golpe y sonaran los primeros acordes de su último éxito "Modern Day Delilah".

Una espectacular plataforma articulada transportó al trío formado por Simomns, Stanley y Thayer hasta el escenario; un descenso del cielo a los infiernos del rock aderezado con fuego y un gran despliegue audiovisual.

Y es que Kiss se ha ganado a pulso formar parte del selecto club de bandas asociadas con el mensaje del maligno. Una lista entre las que figuran AC/DC, Led Zeppelin, The Rolling Stones e incluso The Beatles, que al igual que ocurre con el cuarteto de Nueva York han tenido que lidiar con organizaciones conservadoras toda su carrera.

Los clásicos "Cold gin", "Let me go Rock and Roll" y "Firehouse" fueron los primeros "bombazos" que acompañaron la actuación de Kiss, que por entonces ya había hipnotizado al auditorio con efectos especiales que llegaban por todos lados.

"No entiendo español, pero entiendo vuestros sentimientos", exclamó Simmons con un marcado acento norteamericano.

"Say yeah" y "I'm an animal" certificaron la buena acogida del último material publicado por el grupo, mientras que "Deuce", "Crazy crazy nights" y "Callin Dr. Love" son himnos rockeros que permanecen intactos en la memoria de sus seguidores.

Con "Shock me" llegó el demoledor solo de Tommy Thayer, quién tuvo la difícil misión de sustituir hace quince años al primer guitarra de la banda Ace Frehley.

Precisamente "Sonic Boom" es el primer álbum de estudio en el que participa Thayer, quién ha dejado su huella en las 11 magníficas canciones de un disco en el que cantan los cuatro componentes y que sorprendió por mantener intactas las raíces y la personalidad del grupo.

Gracias a "I Love it loud" Simmons y su bajo en forma de hacha se quedaron colgados sobre el techo del Palacio de los Deportes. Escupir fuego y sangre o volar como un murciélago es habitual en la parafernalia de "El Demonio", quién a sus 60 años se encuentra en plena forma.

"Love gun", "Black diamond" y "Detroit rock city" fueron otras de las canciones rescatadas por Kiss en una noche especial para miles de adictos al sonido Kiss.

Desde el primer minuto los más de 15.000 espectadores se mostraron encantados de reencontrarse con la paródica propuesta rockera de los incombustibles músicos y pocos permanecieron en sus asientos cuando llegó el momento de "Lick it up" y "Shout it loud".

El superéxito "I was made for lovin you" puso en órbita a Paul Stanley, quién se jugó el tipo desplazándose a toda velocidad sobre una tirolina que le llevó hasta el centro de la pista. Su vuelo sin motor sirvió para que el público celebrase a coro el estribillo de otro de los grandes clásicos de su repertorio.

La apoteosis final llegó con "Rock and Roll All Nite"; un fin de fiesta con confeti, llamaradas y la grotesca batería levitando como por arte de magia ante la atónita mirada de los incondicionales de una banda única.

Javier Fernández Jódar