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Rock en mayúsculas, por Foo Fighters

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Hasta desgañitarse. Dave Grohl, líder de Foo Fighters, volvió hoy a derrochar fuerza y energía en el escenario en un concierto potente, de rock puro, sin concesiones, como los que lleva dando la banda en los últimos 16 años.

Un día después de llenar el Palacio de los Deportes de Madrid, Foo Fighters viajó hasta Lisboa para dar otro recital de más de dos horas de duración, en el que hizo vibrar al público con sus temas, seis de ellos de su séptimo y último disco, "Wasting light", considerado por la crítica como uno de sus mejores álbums.

Lo advirtió Grohl (en zapatillas, vestido con pantalón y camisa negros, amarrado toda la noche a su guitarra azul y mascando chicle sin parar) nada más comenzar su actuación: "Somos una banda desde hace mucho tiempo, y tenemos muchas canciones".

Y efectivamente, cumplió con su promesa al tocar varios temas de cada uno de sus discos, además de versionar el "Tie Your Mother Down" de Queen y el "Young man blues" de la cantante de jazz Mose Allison.

Grohl, carismático donde los haya, también exhibió sus dotes de "showman" y no dudó en correr de un lado a otro del escenario, tirarse un eructo, poner cara de loco al estilo de Jack Nicholson en "El Resplandor" o echar su -corta- melena al viento mientras movía frenéticamente la cabeza en casi cada canción.

El pasado "punk" del líder de Foo Fighters, que comenzó su carrera en las bandas "Scream" y "Dain Bramage" y llegó a ser el batería de Nirvana durante sus últimos años de existencia -hasta la muerte de Kurt Cobain-, sigue presente en sus discos y más aún en sus actuaciones en vivo.

Los punteos con la guitarra fueron constantes y el sonido impecable, en un directo en el que Grohl pareció echar de menos la pasarela que coloca en la mayoría de sus montajes. A cambio, no dudó en bajar a la arena para tocar en medio del público que se agolpaba en las primeras filas, protegido, eso sí, por personal de seguridad.

"Recordad, el rock es sólo gente e instrumentos, y no ordenadores", dijo Grohl a las cerca de 40.000 personas que presenciaron su directo, en lo que pareció un argumento más para defender su manera de entender la música, premiada por algunos -seis premios Grammy les avalan- y criticada por otros por demasiado "comercial".

Tras arrancar con "Bridge burning" y "Rope", ambos de su nuevo disco, los Foo Fighters -cuyo nombre hace referencia a una expresión que empezó a utilizase en la Segunda Guerra Mundial para definir a objetos voladores no identificados- tocaron "The pretender", uno de sus grandes himnos.

Los estadounidenses encadenaron un tema tras otro sin prácticamente tomarse ni un respiro, a excepción de las ocasiones en que el líder del grupo se dirigió a los asistentes, pasando por "Breakout", "Monkey wrench", "Let it die" o el "Times like these", de su primer trabajo.

Otro de sus títulos "estrella", "The best of you", provocó las delicias de un público que, de tan entusiasmado, comenzó a tararear de nuevo la canción para que la volvieran a hacer sonar cuando ni siquiera había terminado totalmente.

"No me había ido todavía. Hay más", les respondió Grohl antes de volver a aporrear su guitarra y cumplir con su promesa.

La banda cerró una noche de rock intenso en el festival Optimus Alive de Lisboa, considerado como la cita musical más importante del año en Portugal, sucediendo en el escenario a un fiero e incombustible Iggy Pop.

Al aire libre y en un escenario ubicado junto al lugar en el que se difumina la barrera invisible que separa el río Tajo del Océano Atlántico, los Foo Fighters escogieron su tradicional "Everlong" para terminar la velada en su momento más álgido.

"Yo no quiero ser sólo David Grohl, el de Nirvana, para el resto de mi vida", decía a "Rolling Stone" en 1992 el entonces recién llegado batería del mítico grupo liderado por Cobain. Dos décadas después, pocos pueden dudar de que al mando de Foo Fighters, ha conseguido su objetivo.

Óscar Tomasi