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Roma reivindica la figura de Marianne Werefkin, la musa del expresionismo

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Roma reivindica desde hoy la figura de la pintora rusa Marianne Werefkin como precursora de la abstracción y musa de pintores expresionistas como Vasili Kandinski, Franz Marc o Alexei von Jawlenski.

La exposición "Marianne Werefkin. La amazona de la vanguardia", que se celebra en el Museo de Roma en Trastevere hasta el próximo 14 de febrero, recorre el mundo interior de esta pintora que formó parte de la "Nueva Asociación de Artistas de Múnich" y de "Blaue Reiter" ("Jinete Azul").

Estas dos asociaciones, en cuyo nacimiento y consolidación participó activamente Werefkin, constituyeron dos de los grupos artísticos más importantes de los primeros años del siglo XX y sentaron las bases para la llegada de la abstracción.

La muestra es una colección de imágenes de gran fuerza y sentido del movimiento, como "El bailarín Alexander Sacharoff" o "El árbol rojo", y está divididas en tres salas que representan cada uno de los tres momentos en los que se divide su actividad artística.

El primero corresponde al año 1906, cuando Werefkin vuelve a pintar después de casi una década dedicada a impulsar la carrera de su pareja, Alexei von Jawlenski, de quien pensaba que sería la persona que fundara el "nuevo lenguaje" artístico que representaría la "verdadera vida" del alma humana.

De esta etapa son sus álbumes de bocetos y sus dibujos a lápiz, mientras que en 1907 Werefkin entra en una nueva fase influida por los neo-impresionistas y la iconografía, con imágenes de cafés y teatros.

Su tercer periodo, entre 1908 y 1913, es el que la lleva más cerca de la abstracción, con un estilo lírico en el que predominan las líneas y los colores por encima de cualquier otro elemento y donde todo el cuadro se ve en ocasiones absorbido por una tonalidad dominante.

Después de este corto período de intensa producción, Werefkin tuvo que escapar de Alemania -donde vivía- a Suiza a causa de la I Guerra Mundial, y allí volvió a abandonar la pintura hasta su muerte, 20 años después, aunque nunca dejó de reunir alrededor de su viva personalidad a una parte importante del panorama artístico europeo.

En total, cincuenta témperas, doce dibujos, veinte libretas de bocetos y un diario ilustran este recorrido artístico, realizado por una mujer que llegó antes incluso que Kandinski a muchos de los conceptos que el artista expuso en su revolucionario "De lo espiritual en el arte" y que en sus conversaciones frecuentes, le influyó en gran medida.

Pero, al contrario que el pintor ruso, Werefkin nunca llegó a dar el salto a la abstracción, ya que, como ella misma explica en sus diarios, "para conmover la vida hace falta estar bien radicados" en ella: "No la negamos, no huimos de ella, sino que la amamos".