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Ross Brawn o el retorno de los garajistas

Los ex empleados de Honda acoplaron el motor Mercedes al chasis en tiempo récord

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Hace 80 años, en 1929, Enzo Ferrari fundó la escudería que lleva su apellido. A partir de entonces y durante tres décadas, el italiano se batió el cobre por los circuitos de medio mundo, casi siempre con éxito. Sin embargo, a finales de los cincuenta desembarcaron en la Fórmula 1 Lotus, Cooper,BRM y otros equipos que, procedentes de Gran Bretaña, lograron triunfos inmediatos.

Fueron los míticos 'garajistas ingleses', según la definición acuñada por el propio Ferrari, que pretendía describir con ella las condiciones espartanas y las reducidas dimensiones de los talleres en los que sus rivales británicos inventaban constantes y novedosas soluciones para los bólidos.

Con la paciencia adquirida en sus contadas jornadas de pesca y la minuciosidad que emplea en sus esporádicas incursiones en la jardinería, Ross Brawn ha recuperado aquel espíritu para crear un coche ganador. Al igual que Ferrari, este ingeniero inglés nacido hace 54 años en Manchester es propietario de la escudería de su mismo apellido. Ayer, en el GP de Australia, Button y Barrichello, sus dos pilotos, rubricaron un espectacular doblete en el estreno del equipo en la élitedel automovilismo.

Tras una exitosa carrera en Williams, March, Arrows, Jaguar y Ferrari, en 2007 Brawn aterriza en Honda como director. La multinacional japonesa ficha a uno de los mejores para rentabilizar en forma de triunfos la enorme inversión que había desperdiciado temporada tras temporada. En Barkley, localidad inglesa donde se ubica la fábrica, Brawn se encuentra unas instalaciones modélicas entre otros aparatos de última generación posee dos túneles de viento a escala realy un coche, el de 2008, nefasto.

Sin tiempo para reaccionar, el barbudo más respetado del paddock se centró en el Mundial de 2009. Leyó e interpretó al límite las nuevas reglas, sacó su lápiz prodigioso, diseñó un chasis espectacular y, cuando se disponía a ensamblar las piezas de su última obra maestra, el 5 de diciembre del año pasado Honda anuncia su retirada de la F1.

Lejos de bajar los brazos, Brawn tomó el mando total, negoció con Mercedes para que le suministrara los motores y, en tiempo récord, supo ajustar esa mecánica a un traje hecho a la medida de Honda.

Los ya mundialmente famosos difusores no son más que una de las genialidades que se esconden en cada ángulo de un chasis milimétricamente pergeñado. Brawn se olvidó del kers y demás artilugios superfluos. Sabedor de que lo que distingue a los bólidos excepcionales de los vulgares es la velocidad al pasar por las curvas, esculpió un armazón donde el viento resbala. Un caparazón blanco que convierte a los Brawn GP en trenes de alta velocidad sobre raíles.